Cepeda: los límites de la violencia


El ojo por ojo y el diente por diente es el peor de los caminos que puede elegir una persona o una sociedad. Así, un insulto no debe ser contestado con un golpe, pero el hostigamiento, la mofa, tampoco pueden quedar impunes. De lo contrario estaríamos dando alas a los agresores, que tendrían carta blanca para seguir humillando a su antojo y voluntad.

Hoy he visto el vídeo del incidente de Cepeda en una discoteca, en el que el cantante es objeto de escarnio y él, en un gesto instintivo, responde con un tortazo, que no le pareció importar demasiado a quien lo recibió porque se marchó muerto de la risa y con el propósito cumplido: un vídeo viral con el que dejar en mal lugar al ex de Aitana Ocaña.

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Podemos interpretarlo en diversas claves. No darle más importancia y considerar que es una chiquillada o una ocurrencia etílica, pero también podemos considerar que quien hace un cesto hace ciento. Que el gracioso de turno puede ser en su día a día un tirano en pequeña escala con los que él considera más vulnerables.

La peor de las opciones

La violencia nunca es una respuesta válida, pero mucho menos el código para manejarnos en nuestro devenir diario. Eso es lo que me preocupa. Ya he contado muchas veces que yo sufrí bullying en el colegio. Iba por los pasillos o en el patio, en los recreos, y no sabía por dónde me podía llegar un insulto, una colleja o incluso una agresión mayor. En esas circunstancias sientes pavor y estás a la defensiva, por lo que te quedas paralizado, como un animal acobardado, pero después sientes frustración, impotencia y tristeza.

Mi pavor propició que no respondiera a los ataques y es probable que si hubiera obrado de otra manera hubiera desencadenado consecuencias más graves, porque mis agresores rezumaban crueldad. Mi error fue no denunciarlo y mi acierto haber salido fortalecido de esa experiencia traumática y desarrollado una serie de recursos, el más importante, el buen uso de la palabra, para convertirme en un caso de éxito y no de fracaso. Sin embargo otros no tienen esa fortaleza y acaban con traumas que cuesta años de terapia erradicar, si es que se consigue.

La violencia en la política

La violencia se está instalando en todas las esferas de nuestra sociedad y, por supuesto, también en la política. Los insultos son ahora cuchillos afilados que se adentran en la carne de los adversarios como en un poema lorquiano posmoderno. Y lejos de quitar votos los suman, porque lo peor de la naturaleza humana está emergiendo tal que hienas en un gallinero. Twitter también contribuye a ello porque se ha convertido en un estercolero de vileza, en un altavoz para la inmundicia (y las ‘fake news’) y un lugar en el que las ideas tóxicas destruyen el sistema inmunitario de nuestro cerebro.

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Socorro

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Acoso en las redes

El acoso al que ha estado sometido Cepeda en las redes se ha extendido a las calles, como se ha podido comprobar en este vídeo. Los medios, por supuesto, han incidido en el tortazo (que no es justificable), pero no en la mala fe de la persona que agredía verbalmente al cantante. Quizás porque está muy bien visto el gallito del corral, la testosterona en vena, el envalentonado. Así que ese chaval puede sacar pecho y sentirse un héroe de serie b, por su proeza mediática, pero yo si fuera él no estaría muy orgulloso.


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