Cepeda: nada justifica los desmesurados ataques


Hay días en los que pienso que no debería entrar en Twitter. Porque me crispo. Otros me parece una maravilla, porque me acerca a gente ingeniosa, divertida y que amplía mis miras. Hoy ha sido uno de los primeros, ya desde por la mañana, cuando descubrí que estaban machacando a Cepeda porque había pedido a sus fans que le diseñaran un cartel. Quizás porque de niño sufrí ‘bullying’ en el colegio, la violencia, incluso la escrita, siempre me ha paralizado, pero al mismo tiempo me lleva a denunciarla, aunque sea de baja intensidad.

El peligro de las redes

Nunca se tiene un relato completo de las cosas, así que no voy a entrar a calibrar la magnitud de su metedura de pata, si es que lo ha sido, porque es lo que menos me importa de esta situación. Las redes sociales y whatsapp son muy peligrosos porque recibimos mensajes a los que les falta el contexto, en los que no siempre están claras las intenciones y que se pueden interpretar de muchas maneras. Así que su mal uso lleva a situaciones indeseables que no se pueden tolerar.

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El perdón debería ser suficiente

No me gusta decir esto, pero siento que se nos ha atrofiado la empatía, que hemos perdido la capacidad de ponernos en el lugar del otro. Y no olvidemos que el perdón es terapéutico, que quien se crea perfecto bastante problema tiene. No sé si un mundo sin redes es mejor, pero vistas las reacciones hoy con este exconcursante de ‘Operación triunfo’ me hace plantearme si no es solo una manifestación más del deterioro de nuestros valores morales.

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Lilo 3.0

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Cepeda puede haberse equivocado, pero ha pedido disculpas. Debería ser suficiente para reparar el supuesto daño que haya podido causar con la petición de ese cartel, pero parece que hasta que no olfateamos la sangre no paramos. Detrás de una cuenta de Twitter siempre hay una persona, que a veces se nos olvida que no somos bots. Nuestras palabras pueden levantar el ánimo, insuflar optimismo o hundir en la miseria. No estaría de más un poco de responsabilidad, sentido común y humanidad.

La maldad

Seguramente para Cepeda hoy ha sido un día desagradable, pero quienes faltan al respeto, pierden las maneras y hacen comentarios hirientes tienen un problema más grave: son mala gente. Las críticas, por muy duras que sean, deber estar orientadas a que la persona puesta en cuestión mejore, no a hundirla. Igual que el objetivo de las cárceles no es machacar a los delincuentes sino intentar reinsertarlos.

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Lo de Cepeda, insisto, no es sino un síntoma de que algo no va bien. Y deberíamos reflexionar si queremos que la vida sea una trinchera y sentar a quien no nos gusta en un nido de avispas, por una equivocación, un desliz, una metedura de pata. O simplemente por capricho. La bondad engendra bondad y la maldad no hace sino empeorar las cosas. Los ‘haters’ despiertan en mí lástima y compasión, que es lo peor que se puede sentir hacia alguien. Ojalá recapacitemos y nos paremos unos segundos a pensar antes de tuitetar. Sería una buena manera de iniciar otro camino.


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