Concha Velasco, el discreto encanto de ser una leyenda


Hay ciertas persona que son un paradoja temporal viviente. Concha Velasco, frisando casi los 80, está más en el presente y en el futuro, que en su brillante pasado profesional, convertida en una Norma Desmond del nuevo milenio. Más en activo que nunca, porque, aunque algo hayan tenido que ver las deudas, su pasión por el trabajo la hubiera impedido retirarse, piensa ya en un monólogo que le ha escrito su hijo. Y en lo que le echen.

Con lo que voy a afirmar a continuación me siento un poco Javier Marías, ese sobrevalorado escritor y columnista que te ayudará a deprimirte con sus artículos si no lo estás ya bastante: Concha es un ejemplo para todos esos jóvenes que parecen estar ya cansados de vivir, desalentados e invadidos por un ‘alien’ que les incita a pensar que lo peor está por llegar Sin perder yo de vista que muchos otros pelean contra molinos de vientos que son gigantes porque no vivimos en el país de las oportunidades ni aquí se cumple el sueño americano. La actriz vallisoletana es el antídoto de esos sentimientos paralizadores y hasta cuando la salud se le ha ido por la puerta ella ha encontrado las energías abriendo una ventana.

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GRAN HOTEL (2011-2013) Personaje: Doña Ángela.

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En el rodaje de ‘Herederos’

Me he encontrado con Concha en unas cuantas ocasiones, y si hay algo que me gusta de ella es que se permite ser contradictoria, se perdona, se castiga, se libera y se encarcela ella sola. Cuando rodaba ‘Herderos’ fui a entrevistarla al rodaje. Teñida de rubia y sin salirse del todo su personaje, me pidió que la entrevista se ciñera lo más posible a lo profesional, pues seguían supurando las heridas de su separación de Paco Marsó. Disciplinado, como ella para lo suyo, me ceñí al guión que me había marcado, pero llegado un punto de la conversación, me agarró del brazo y me dijo: “Por el cariño que le tengo a tu revista, te tengo que contar esto…”

Lo que siguió fueron unos minutos abriéndose en canal. Cada frase un titular. Cada mirada una confesión. Fue una liturgia de generosidad, de remar a favor de obra, de solidaridad hacia alguien que podría haberse vuelto a la redacción con unas declaraciones anodinas y regresó con material casi para escribir unas memorias. Y casi no volví a intervenir hasta el momento de despedirnos. No hizo falta. Ya me había hecho ella mi trabajo, preguntarse y responderse.

Toda una diva

Concha Velasco es una de las personas más generosas que me he cruzado en mi periplo profesional y también, junto a Sara Montiel, de las más ingeniosas, ocurrentes y divonas en el buen sentido de la palabra. Estamos faltos de genios de la palabra, de relatores de sí mismo, de mujeres que como le escribió José Luis Perales a Lola Flores podrían haber dicho: “Hemos amado, dejándonos el alma en un suspiro, hemos luchado, dejándonos la piel en el camino, hemos llorado un adiós con sabor a despedida y hemos probado el sabor agridulce de la vida”.

[LEE MÁS: Sara Montiel, cuando sus mentiras las convertía en verdad]

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VELVET (2016) Personaje: Petra Alcalde Vargas

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Trabajadora infatigable

Años más tarde me encontré a Concha en el hotel Barceló Formentor, donde solía veranear con su adorado Paco Valladares.  Me la encontré en el ‘lobby’, muy concentrada y con la mirada fija en unos folios que sostenía en un ángulo de 45 grados . Cuando la saludé, como en aquella entrevista de hacía unos años, me dio todo lujo de explicaciones que yo no merecía: que estaba pasando unos días de descanso con su hija y su nuera y que preparaba un ‘Cine de barrio’ que tenía que grabar esa semana con Arévalo y Bertín Osborne.

Lo hacía con la misma disciplina que si fuera a sentarse con Lawrence Olivier y Vivien Leigh, escamoteando minutos a su ocio para dar lo mejor de sí misma cuando tuviera que grabar. Una prueba más de su ética del trabajo y de su entrega a cualquier proyecto, esté por encima o por debajo de su talento.

A Concha se le adora desde hace siglos y recordar su trayectoria aquí sería como reescribir su entrada en Wikipedia, pero, a mi entender, carece quizás del reconocimiento de cierta intelectualidad que ha creado mitos con pies de barro y ha levantado carreras que luego se han defenestrado solas. Quizás no se le haya perdonado cierto pecado original de presentar programas de entretenimiento intrascendentes para pagar las facturas. Aún así, cuando esos que la puedan haber ninguneado dejen de estar en los medios o en los estamentos que les dan soporte, no serán nadie. Ella será siempre Concha Velasco.


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