‘Dolor y gloria’: vamos a amar a Almodóvar de nuevo


Para mí Pedro Almodóvar es como Eurovisión para los eurofans. Cuento las horas para que llegue el estreno de cada una de sus películas. Y salvo cataclismo, estoy en una sala de cine el día del estreno, porque no soy de los suertudos a los que invitan a los pases de prensa previos. No me importa, porque el momento acaba por llegar y siempre lo disfruto.

Mi biografía está tan marcada por las películas de Almodóvar que no puedo sino darle las gracias por haber hecho mi vida mucho más feliz y más ancha. Porque gracias a Pedro, además, he descubierto escritores, cantantes, pintores…. Mi ansia por saber (y también la de experimentar) se la debo en parte a él. Solo voy a poner un ejemplo, cuando yo era poco más que un ‘cateto a babor’ vi ‘La ley del deseo’ y a ratos quise ser Eusebio Poncela y a ratos Antonio Banderas. En aquel entonces era un adolescente al que le aterraba salir del armario y que deseaba experimentar algún día una pasión tan arrebatada como la que se mostraba en la película, aunque con final feliz. Eso sí.

Películas inolvidables

Poco a poco fueron llegando películas que me planteaban conflictos morales, me abrían la mente, me hacían reír hasta las lágrimas y, sobre todo, me hacían creer que cualquier cosa era posible. Almodóvar es un alquimista de la realidad, escribe ciencia ficción que es neorrealismo (y viceversa) y es también un analista de la sociedad mucho más profundo que los charlatanes que proliferan en las radios o las televisiones a las que tantos años lleva parodiando. O incluso adelantándose a los tiempos, como en ‘Volver’ o ‘Kika’, donde describía situaciones tan premonitorias que ahora parecen de Walt Disney al lado de los códigos en los que ciertos medios de comunicación se manejan a la hora de narrar lo que se denomina ‘sucesos’ y para mí son tragedias humanas que se convierten en pornografía emocional.

Hoy he visto el trailer de ‘Dolor y gloria’ y muero ya de ganas por disfrutar la película en pantalla grande. Da igual que sea buena, mala o regular. Almodóvar es una experiencia religiosa. Es un sentimiento. Como el forofo de un equipo de fútbol, no puedo aplicar la racionalidad a ninguna de sus películas. Soy como la madre de un hijo echado a perder, para ella es el mejor que hubiera podido tener. Me dan igual sus detractores, los Carlos Boyero que le denostan en críticas llenas de vitriolo. Igual que Woody Allen, que Luis Buñuel, que Billy Wilder, solo por disfrutar de su trabajo ha merecido la pena vivir.


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