José Coronado, el arte de elevar el listón


Hace unos días llegué por casualidad a ‘Vivir sin permiso’. Al igual que me ocurrió con ‘La casa de papel’ o ‘Fariña’ (ambas de Antena 3) no seguí esta serie cuando se emitió en Tele 5, porque hace mucho que casi solo consumo televisión en ‘streaming’. Lo he intentado con ‘Operación Triunfo’ o ‘La Voz’, pero se me hacen tan largos y repetitivos que siempre acabo dejándolo a la mitad como esos libros que no te enganchan y que llevas contigo a todas partes hasta que te aburres y lo dejas olvidado en cualquier parte.

Uno de los milagros de la democratización de los contenidos audiovisuales a través de plataformas como Netflix o HBO es que puedes administrar tus tiempos y hacer un ocio a la carta, así que, aunque con retraso respecto a su estreno, gracias a ellas he disfrutado de productos que hubiera dejado pasar de largo.

La estrella de la serie

Reconozco que el único motivo por el que me decidí a verla fue por José Coronado, porque solo que los capítulos fueran trece y duraran unos 75 minutos suponía dedicarle casi el mismo tiempo que a ver 13 películas, por lo que estuve merodeando por el menú de la plataforma hasta que me decidí a hacer un ‘clickbait’ en toda regla.

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A priori el tema del narcotráfico tampoco me interesaba en exceso (no le he dado ni una oportunidad a ‘Narcos’), por lo que estuve que sí que no unos cuantos días, hasta que caí en la ‘trampa’. La serie es un híbrido de ‘Fariña’ y ‘Herederos’ que, más allá de la poca originalidad de lo que cuenta, es tan adictiva como la peor fast-food y se disfruta como cochino en una charca. En apenas tres días casi me he ventilado la primera temporada y muero de ganas por que estrenen la segunda.

Más allá de ser un entretenimiento del que dentro de unas semanas tan solo recordaré algunas ‘punch-lines’, que muy bien podría haber verbalizado la mismísima Carmen Orozco, aquel inolvidable personaje de Concha Velasco en la ya mencionada ‘Herederos’, sobresale el trabajo de José Coronado, a quien la edad sienta tan bien.

Sus primeros papeles

Aún recuerdo cuando le descubrí en ‘Brigada Central’, en la que tanto mostraban su velludo torso, como ahora el lampiño de Álex González en ‘Vivir sin permiso’ o dando el primer beso en pantalla grande a Isabel Pantoja en ‘Yo soy esa’. Era un actor que no destacaba, a mi entender, más que por su físico, que era apabullante. Siempre que pienso en él me acuerdo de Juan Luis Galiardo, quien siguió una evolución artística muy similar. De papeles de galán o granuja de poca enjundia a hombres más grandes que la vida en su madurez.

Su gran impronta

En cualquier producto, José Coronado eleva el listón de la calidad con su carisma. Con una naturalidad que parece no costarle ningún esfuerzo. No importa que esté en malas manos, que el guión que le toque en suerte sea mediocre. Siempre está bien. Su voz profunda, con destellos juveniles que a veces asoman en su excelente dicción, sus canas y arrugas son como la estructura de una casa bien construida que se mantiene sólida y firme, aunque a su alrededor proliferen edificios vigorosos en su novedad, pero de futuro más incierto, porque tal vez sean fruto de una moda pasajera y envejezcan mal.


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