Leer cura la incultura y los extremismos


Cuando soy capaz de leerme varias novelas del tirón significa que tengo paz. Que mi mente funciona apacible como un reloj de pulso en la muñeca de un monje budista. Ayer acabé ‘La luz negra’ de la escritora argentina María Gaínza (ed. Anagrama). Un libro que recomienda Enrique Vila-Matas, quizás porque podría haberlo escrito él mismo.

Sin entrar en pormenores, diré que trata sobre el mundo del arte y las falsificaciones. Sobre la verdad que esconden las grandes mentiras y la impostura como manera de acercarse a lo que realmente merece la pena. Un juego de espejos que muestran el revés del calcetín, la otra cara de la moneda. Un libro breve e intenso, que terminaba de devorar mientras caminaba los cinco minutos que separaban la parada del autobús de mi puesto de trabajo. Como ya estoy más que acostumbrado a caerme por las calles y volar por los aires, he pensado que si esta vez era por culpa de la literatura habría merecido la pena magullarme un poco.

Anoche empecé otro, ‘Perro de ojos negros’ de la peruana María José Caro (ed. Alfaguara). Una narración también corta, de unas cien páginas, que tiende puentes afectivos entre Lima y mi propio barrio, Lavapiés. Un viaje de madurez y desengaños de una estudiante que busca su lugar en el mundo, como Federico Luppi y José Sacristán en aquella película Alfonso Aristarain que tanto me gustó cuando yo mismo era estudiante, allá por los 90 e imaginaba mundos mucho mejores del que nos está quedando últimamente.

Como he pasado el día trabajando y escribiendo sobre cuestiones que no tienen nada que ver con las banderas, no me he enterado mucho de lo que ha ocurrido en la manifestación que hoy mismo ha tenido lugar en el centro de Madrid, pero he visto imágenes de miles de banderas de España desplegadas como un corta pega de photoshop. Y ahora, agotado porque para mí las noches de los domingos son como las de los viernes para mucha gente, me volveré a meter en la cama con un libro entre los dedos, porque, como digo en el titular, leer cura la cultura y los extremismos.

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Y para concluir, recupero un tuit que puse esta mañana que sintetiza mi pensamiento sobre todo lo que está pasando en los últimos años: “Ahí tenéis las calles de MADRID para protestar contra la precariedad salarial, la exclusión social, los niños que no tienen tres comidas al día, las mujeres maltratadas, las listas de espera de la Sanidad, la homofobia, la corrupción, el coste de la electricidad, la brecha salarial, las pensiones. Ya que sacáis las banderas que sea por algo que merezca la pena”.


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