Los Premios Yago, hasta donde los Goya no llegan


Anoche salí de fiesta. No mucho, porque soy de horario infantil. Tenía una cita en la sala El Sol de Madrid, que no pisaba desde hace siglos, cuando fui a un concierto de un grupo en el que tocaba un hijo de Juan Luis Cebrián, porque una amiga mía les iba a hacerles unas fotos. Fijaos la precisión de los recuerdos, cuando la experiencia ha tenido la relevancia de una gota de lluvia en un aguacero. Lo de ayer fue muy distinto…

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A lo que iba. Que anoche me fui de fiesta con un gran amigo, el periodista Rafael de Rojas, para asistir a los premios Yago de los que soy jurado desde hace unas cuantas ediciones. Como hubiera dicho El dúo Sacapuntas, la sala estaba abarrotada, así que ir a la barra a por un gin tonic de Hendrick’s, que son los patrocinadores, era una romería en la que te ibas encontrando con compañeros con los que te tenías que parar a ponerte al día. Interrupciones, por cierto, que venían muy bien como control de alcoholemia.

Bárbara Rey, galardonada

Ya digo que la noche, que no es para mí, fue un éxito porque la gente disfrutó de una gala mucho más divertida que la de los Goya cuyos errores tratan de paliar estos premios, que reconocen a los olvidados de estos galardones. Luis Fabra, una vez más, maestro de ceremonias, regaló ingenio, rapidez de reflejos y dio el lugar de estrella que se merece a Bárbara Rey, reconocida por una carrera mucho más extensa y pródiga en éxito que muchos recuerdan.

Me encontré con Bárbara en las escaleras, cuando nos marchábamos y le recordé que nos habíamos conocido hacía unos veinte años, cuando fui a entrevistarla a su casa, porque había sido víctima de un robo más propio de ‘Ocean’s Twelve’ que de delincuentes aficionados. Un suceso que dio para grandes titulares y muchas exégesis que propició un encuentro del que la actriz decía acordarse, aunque no estoy demasiado seguro de que así fuera. Aún así, sirvió para que constatara una vez más que el pasado siempre vuelve y que la vida es circular.

Bárbara Rey, con su galardón, y una botella de Hendrick’s, patrocinadores.

Para que la noche hubiera sido perfecta nos faltó otra de las galardonadas, Bárbara Lennie, que no pudo asistir, pero sí dejó su impronta el cineasta Isaki Lacuesta, quien sin hacer ruido está tejiendo una de las filmografías más sorprendentes del cine español, y El Coleta, intérprete del tema principal de la banda sonora de ‘Quinqui Stars’, que nos recordó que hay una larga vida más allá de Los Chichos y Los Chunguitos.

La fiesta se disolvió y nos quedamos con el deseo/promesa de que la gala del año que viene se celebre en un barco, como manifestó ‘el dueño del cortijo’, Santi Alverú, a quien muchos conoceréis por la película ‘Selfie’ por la que él sí estuvo nominado al Goya. Y si no es así, pues ya estáis tardando en verla.


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