Menos mal que hay feministas


Aunque no me gusta hablar de mi edad, porque es también una etiqueta, nací en 1973, en los estertores de una dictadura que algunos se dedican a blanquear y de la que son nostálgicos muchos que ni la conocieron ni la sufrieron.

Como es lógico, apenas tengo recuerdos de un país sin libertad, porque tuve la suerte de que se instauró la imperfecta democracia en la que ahora vivimos y que, con la ayuda de muchos, se está deteriorando hasta el punto de encontrarnos al borde de la fractura social. Sin embargo, mis padres y mis abuelos sí sufrieron sus consecuencias, por lo que me siento moralmente autorizado para afirmar que cualquier tiempo pasado fue mucho peor. Aún así no estamos en la mejor de las circunstancias, no solo en España sino también en el mundo, por lo que no considero que se trate de un fenómeno local sino más bien de un movimiento global de involución que aún no sabemos cómo terminará.

Aunque el propósito de estas líneas no es hacer un diagnóstico de nuestra situación, porque tampoco me siento capacitado para ello, he querido empezar con estos argumentos para recordar a todos aquellos que demonizan y denostan el término ‘feminista’ que muchos de los derechos que damos por hecho, y otros muchos que aún no se han conseguido, no se habrían logrado sin las personas que, generación tras generación, han abrazado esta bandera que parte de una premisa muy simple: buscar la igualdad entre hombres y mujeres.

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Hace ya unos meses que Paula Echevarría dijo que ella no era ni feminista ni machista, como si ambos términos fueran equidistantes de un término medio en el que estaría la virtud aristotélica. Poco después, su exmarido, David Bustamante, incurrió en el mismo error porque creía, tal vez, que se estaba ubicando en el lugar adecuado. Y como no me corresponde a mí instruir a nadie y menos a dos ‘celebrities’ que tienen que dar la cara día a día, no voy a profundizar más en estos dos ejemplos concretos.

La semana pasada, Tita Cervera, en ‘Salvados’ dijo que ella no era feminista sino femenina. Al día siguiente Isabel Rábago hizo suyo este planteamiento y colgó una fotografía en sus redes sociales con pose de ‘influencer’ con un argumentario similar por el que le llovieron críticas como en el diluvio universal. Y con razón.

Vivimos en una época de tanta indigencia intelectual que nos atrevemos a decir frases como sentencias de muerte sin conocer no nuestra propia historia, que a veces no nos da el ancho para tanto, sino nuestra identidad. Quizás aquellos que denostan el feminismo deberían saber que pueden hacerlo porque otros y otras se dejaron la piel para que así fuera. Incluso la vida.

Por eso más que nunca, ahora que nos manejamos en el ruido, los gritos y los insultos, todos debemos apoyar la causa feminista. Porque los que dividen, enfrentan y pisotean los principios más básicos de la convivencia son los que dicen luchar por tu libertad, por tus derechos, por la igualdad. Y te están mintiendo.


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