Miguel Poveda, valiente en lo personal y en lo profesional


Escribo estas líneas mientras Miguel Poveda debe de estar en pleno concierto en el Teatro Real de Madrid. Nada me hubiera gustado más que estar ahí y repetir la experiencia que viví en el templo de la lírica cuando presentó ‘ArteSano’ y me pasé medio espectáculo anegado de lágrimas por la emoción.

Hay artistas que te tocan las teclas de las emociones y lo mismo se te van las manos, los pies, te da por llorar, por reír. O te ensimismado como cuando hace un par de años tuve el placer de ver en directo al mítico Charles Aznavour, quien, con más de 90 años, lograba convocar todo tipo de sensaciones que me transportaban a épocas en las que yo no había nacido. Y sus canciones me hicieron creer durante un par de horas que un mundo mejor siempre será posible. Aunque seas consciente, como era su caso, de que te encuentras en el tiempo de descuento y tal vez no amanezcas la mañana siguiente.

Doble disco

Esta semana escucho en bucle el nuevo disco doble de Miguel Poveda, ‘El tiempo pasa volando’, en el que versiona algunas de las canciones que pusieron banda sonora a mi infancia, que transcurría en paralelo a la suya porque nacimos el mismo año, 1973. En un país en el que aún no se había recuperado la imperfecta democracia de la que disfrutamos hoy en día (por suerte) y aún sangraban ciertas heridas que, como se está demostrando cuarenta y cinco años después, se cerraron en falso.

Recuerdos de infancia

Con estas canciones me asaltan fogonazos de una ingenuidad que nunca volverá, de seres queridos que ya no están, pero que permanecen agazapados en mi memoria y en mis sueños, del niño perdido que aún no había encontrado su camino y que, en cierta medida, continúa buscándolo.

Sigo a Miguel Poveda desde que le descubrí en una lírica y no suficientemente ponderada película de Bigas Luna, ‘La teta y la luna’, y la primera vez que acudí a una actuación suya fue hace algo más de diez años en el Teatro Español de Madrid, donde compartió escenario con Martirio, otra de las artistas que sigo venerando, porque también canta desde las vísceras con una voz suave como terciopelo y llena de arabescos.

 

Artista versátil

El cantaor ha sido un artista valiente, que ha sabido explorar caminos nuevos dentro de su arte y nunca se ha acomodado, a veces ha acertado más que otras, pero su impronta está en cada uno de sus discos, que no han sido paridos para hacer caja sino en función de lo que ha necesitado expresar o le ha pedido el cuerpo.

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Miguel ha sido también valiente al hablar públicamente de su homosexualidad,  cuando un público muy conservador podría haberle dado la espalda, al compartir su vida con elegancia, sin estridencias ni dramatismos, para apartarse de quien no le convenía y ahora disfruta también de un hijo muy deseado, un ‘Angel que ha transformado su vida.

Cuando leo o veo sus entrevistas me gusta comprobar que se encuentra donde quiere estar y que es muy consciente de que, en efecto, el tiempo vuela, y sabe cómo sacarle partido.