Mónica Naranjo: lo que hay que dejar claro sobre ella


Ya de niño me encantaba inventarme castings para películas (sigo haciéndolo) y si tuviera que elegir una mujer que podría interpretar a Mónica Naranjo debería tener los poderes de resucitar a los muertos, porque la primera que me viene a la mente es María Félix, la Doña.

La actriz mexicana era tan de armas tomar que como no le gustaba un desnudo suyo que pintó Diego Rivera le pidió a un albañil que le hiciese un ‘vestido’ de yeso al retrato. Era tan diva que para acudir al plató del programa de Verónica Castro, máxima estrella en televisión y ahora protagonista de ‘Las casa de las flores’, exigió que se llevaran los muebles de su salón. Y así todo…

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#vivamexico @cristiancastro éste gallito si canta

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Una joya emblemática

Podría escribirse una enciclopedia con sus frases controvertidas y su veneno, como el que simbolizaba la emblemática serpiente que Cartier hizo para ella con un puñado de joyas de las que estaba aburrida y que les llevó como materia prima para esa alhaja. ¿Atinaba la protagonista de ‘Doña Bárbara’? No siempre. ¿Se le iba la pinza a ‘María bonita’? Puede ser. Pero para opinar así, para que no crezca la hierba bajo tus pies, tienes que tener galones.

Se ha liado parda con Mónica Naranjo y sus declaraciones sobre ‘Operación Triunfo‘, formato con el que no quiso renovar para una segunda temporada. Era renunciar a un éxito seguro para aventurarse en otros proyectos que ya veremos cómo salen, pero ella es así, cuando no le gusta algo o se aburre, coge la puerta y se va.

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Ya lo hizo en ‘Tu cara me suena’ y lo hará mil veces. Fiarse de su intuición le ha funcionado. Las declaraciones en las que calificaba de ‘rancio’ el programa de Gestmusic era un ‘morder la mano que te da de comer’ en toda regla, pero sí es lo que piensa, ¿por qué no decirlo?

Una y mil veces prefiero a un borde que a un tibio,  a un descarado que a un pusilánime. Cuando Mónica llegó a España después de haber triunfado en México, como antes de ser profetas en su tierra lo fueron allí Rocío Dúrcal con sus rancheras o Sara Montiel, te dejaba estupefacto por manifestar con aplomo que ella cantaba como nadie, componía como nadie y producía como nadie. Ahora le dirían empoderamiento, esa palabra que dentro de unos años habrá pasado de moda de tanto usarla, y en su momento parecía insolencia, descaro, vanidad.

El ansia de la juventud

Mónica, a quien en esa época entrevisté unas cuantas veces, era excesiva en sus gestos, trufaba su discurso de modismos mexicanos y argot español que estaba descubriendo y se echaba flores cada dos o tres frases. ¿Mentía? ¿Era una sobrada? A la vista de los acontecimientos, no.

Son muchos años los que lleva ya de carrera, tomando decisiones artísticas arriesgadas y diciendo lo que le sale de la peineta, como para pensar que, superada la barrera de los 40, le deba nada a nadie. Lo meritorio en su caso era que se permitía lujos verbales con poco más de 20, con la misma certidumbre del que ya lo ha visto casi todo.

Mónica peleó lo suyo para llegar, ha tenido baches humanos tremebundos, pero ella sigue ahí, con un nombre propio que no precisa de hits en radio-fórmulas ni discos nuevos cada dos años. Suscribo, como la pantera de Figueras, que para ser artista, como para la mayor parte de las profesiones, hacen falta disciplina, constancia y sacrificio. No todo consiste en ‘hacer Patakys’, dar entrevistas y salir a un escenario con la actitud del que se planta en un karaoke.

Por eso María Felix, fue, es y será. Por eso Mónica llevó, vio y triunfó.


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