Mónica Naranjo: sus dos grandes apuestas para 2019


Hubo una época en la que España se paralizaba cuando Isabel Pantoja salía en televisión. De repente desaparecía un par de años, quizás oculta entre los misteriosos muros de Cantora, una finca con más intrahistoria que Manderley, la mansión de ‘Rebecca’, la mítica película de Alfred Hitchcock. La tonadillera se quitaba de en medio entre disco y disco. Cuando emergía de entre las tinieblas de la tragedia que le había tocado vivir, millones de espectadores se quedaban petrificados con sus nuevas canciones compuestas por Juan Gabriel o por su transformación física. Porque siempre reaparecía renovada, con un vestuario sofisticado y diferente, con su melena refulgiendo y con las manos listas para caracolear en el aire.

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‘Mónica y el sexo’

Sin tenerla a ella de referente, la estrategia, que igual ni siquiera lo es, de Mónica Naranjo es similar. Durante un tiempo no sabes nada de ella. O recibes información con cuentagotas, porque la intérprete de ‘Pantera en libertad’ sube imágenes a Instagram o te avanza algo de sus proyectos, pero te mantiene en vilo: nunca acabas de tener muy claro lo que va a sacar. Es como los cebos de ‘Sálvame’, pero en su caso no decepcionan: siempre hay un premio al final del camino. Ya lo hizo con su anterior disco, ‘Lubna’, del que había hablado mucho, pero que sorprendió por lo insólito del planteamiento. Ahora sabemos que está preparando música nueva y un programa de televisión, ‘Mónica y sexo’, cuyo título lo dice todo, pero al mismo tiempo nada… Es como el humor, hay miles de manera de abordarlo, así que habrá que esperar a que se emita para desentrañar su esencia y su intención.

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En estos días han proliferado, además con aparente mala intención, artículos sobre si Amaia Romero está tardando mucho en sacar su disco y quizás Mónica sea un buen ejemplo para ella en este sentido. Es más, creo que podría darle unos cuantos consejos. Siempre que ha seguido su instinto, como cuando rompió la baraja y lanzó ‘Minage’, le ha ido mucho mejor que cuando se ha dejado presionar por su casa discográfica. No es lo mismo grabar canciones para llenar un CD que producir un trabajo en el que crees, en el que estás implicado artísticamente y que vas a defender como si te fuera la vida en ello.

Tomarse su tiempo

No siempre se puede uno permitir el lujo de elegir a lo que quiere dedicarse o escoger los trabajos para ganarse la vida (de hecho, casi nunca), pero si se tiene esa suerte, porque se han hecho bien los deberes financieros, o simplemente porque tu ambición no pasa por forrarte sino por sacar adelante tu proyecto sería un delito no hacerlo. No podemos privarnos de sentirnos realizados y orgullosos del fruto de nuestros esfuerzos. Presumir del resultado es más reconfortante que el dinero fácil o el aplauso efímero y promiscuo, que hoy te acompaña y mañana te abandona.

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Me gustan los artistas que nos hacen esperar, los escritores que eligen cada palabra para que cuando leas su libro sientas que está escrito para que lo goces no para cobrar un anticipo de una editorial, los directores de cine que no se han plegado a las multinacionales ni a los cantos de sirena, que no se han ido a Hollywood a juguetear con dinosaurios y han preferido quedarse aquí a contar historias de transexuales que dejan embarazadas a monjas. Prefiero una Lola Flores que un Luis Miguel, que lleva veinte años perpetrando los mismos boleros y rancheras, a una Mónica Naranjo que a esas cantantes que se pasan al reggeton para que las pinchen en las radiofórmulas.

Ya lo decía la Agrado en ‘Todo sobre mi madre’, ser auténtica es muy difícil.


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