Paulina Rubio: ni canta ni baila, pero no se la pierdan


Que Paulina Rubio no es Rocío Jurado ya quedó de manifiesto cuando participó en el homenaje a la más grande, en aquel entonces herida de muerte y con sus facultades vocales muy mermadas. Que la hija de Susana Dosamantes no tiene la destreza ni el sentido del ritmo que Madonna, a la vista está. Tirad de Youtube… Ahora, que, como dijo un crítico una vez de Lola Flores: “Ni canta ni bailan, pero no se la pierdan”.

Paulina Rubio tiene algo difícil de encontrar, ‘star quality’, una cualidad intangible que otras con mayores atributos artísticos nunca poseerán. La chica dorada emana un magnetismo extraño que hace que no puedas quitar los ojos de ella si se cruza en tu camino. Yo mismo lo experimente en Marina D’Or, un marco incomparable (porque no se me ocurre un monumento al ‘kitsch’ sobre la faz de la tierra que pueda igualar ese atropello estético).

Presentadora en España

La cantante mexicana iba a presentar una gala para la elección de Miss España, que, además, era en directo. Jesús Vázquez estaba desesperado, porque no aparecía en el escenario cuando se la esperaba y se liaba con las provincias y las que pasaban a la siguiente fase y las que quedaban eliminadas. Un disparate maravilloso.

Todo se arregló cuando Pau se echó a cantar (o a hacer un ‘play-back’, no me acuerdo muy bien) y se convirtió en una gata que se contoneaba por el suelo con voz rasposa y garras afiladas. Pues eso lo lleva haciendo años y siempre sale bien parada. Ir a su aire, sin importarle la perfección ni buscarla. Dejándose llevar por la intuición de las que se saben ganadoras. Y ella es una ‘winner’ total. ‘Comme il faut’, que dirían los pedantes.

Estrella en ‘La Voz’

Cuando supe que había fichado por ‘La Voz’, que ahora recala en Antena 3, supe que tendría que ver el programa. No por los concursantes, que en cada esquina siempre hay alguien que canta bien, sino por ella. Porque estoy seguro que nos tiene reservados momentos surrealistas, genialidades espontáneas, miles de memes en ciernes. Es como Belén Esteban, bombas de relojería que estallan y te dejan como hipnotizado. En un mundo polarizado, aunque me gusta mucho Thalía, su eterna rival, confieso que siempre seré más de Pau-Latina. Por genuina. Por estrella.

Como todavía queda un año para que lleguen los Reyes Magos, voy a formular mi deseo para los de 2020: conocer a Paulina. No soy muy mitómano y, salvo a Lola Flores, que hubiera muerto por pasar quince minutos con ella, he tenido la suerte de entrevistar a muchas de las ‘celebrities’ que admiro. De ella, soy muy fan. Como todos los amores, es irracional. De momento, no correspondido, porque no se ha dado el caso, pero os diré una cosa: “Conocerme es quererme”.

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