Penélope Cruz juega en otra liga


Por suerte desde mi niñez he tenido la imaginación trabajando a ‘full’. Con cuatro o cinco años ya me visualizaba en lugares en los que nunca he estado y dedicándome a cosas que nada más lejos. Quizás me faltó determinación, capacidad para fijar esos objetivos y perseguirlos o se trataban solo de quimeras sin mayor recorridos. Jamás le he dado un segundo pensamiento a esas ensoñaciones prematuras, que no eran nada más que eso.

Vaya por delante que me gusta la persona en la que me he convertido y que si en mi adolescencia me hubieran hecho firmar por solo el diez por ciento de las vivencias que he atesorado, no hubiera dudado un segundo. De nuevo, sin quererme poner en el mismo plano que ella, a Penélope Cruz le pasó algo parecido. Vio ‘Átame’ de Pedro Almodóvar en el cine y decidió que quería ser actriz. Ella si lo consiguió y de qué manera.

La fuerza del destino

Ayer precisamente le descubría a un amigo el videoclip de ‘La fuerza del destino’ de Mecano, porque él creía que había empezado su carrera en ‘Jamón jamón’ y redescubrimos a una Penélope que, salvo la evolución propia del tiempo, que siempre trae goteras, no ha cambiado demasiado físicamente respecto a la joven de apenas 16 años que paseaba su melenón junto al de Nacho Cano en esas imágenes. La prueba evidente que la precisión del bisturí de un cirujano plástico, como cantaba Fabio McNamara (y ahora versionan, malamente Fangoria), no había sido necesaria. Era un escándalo de belleza y lo sigue siendo.

Todo un ‘Chanelazo’

También ayer desfilaba Penélope en homenaje a Karl Lagerfeld con un modelazo de Chanel como si fuera una metáfora involuntaria de la carrera. Son tantos los logros de la actriz de Alcobendas que en cualquier país tendría, como en la copla, un trono en la tierra y un barco en el mar. Sin embargo, hay una legión de ‘haters’, a los que habría que ver detrás de sus perfiles de Twitter o en sus vidas cotidianas rancias y mediocres, que le lanzan cuchillos verbales como faquires. Periodistas que escriben ‘fake news’ sobre ella y su marido solo porque no les caen bien o piensan distintos.

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España es un país cainita, de individuos mediocres que se hurgan los dientes con un palillo acodados en la barra de un bar, mientras se toman un carajillo y arreglan los problemas de España, de gañanes de tertulia televisiva que no les importa denigrar a niños con síndrome de Down, de adoradores de Belén Esteban, de dopados de telebasura.

La política y la mentira

Pero de repente surge alguien con un Oscar y dos nominaciones más, con fama global basada en su trabajo y no por estar colgada del brazo de un hombre, que se ha ganado su patrimonio pateándose rodajes, y se la mira con recelo, sus logros se ponen en tela de juicio y se le niega el pan y la sal solo porque lo digo yo. Como ocurre en política, que se puede mentir descaradamente y maniobrar en contra de los ciudadanos y a favor de uno mismo sin que se te caiga la cara por la vergüenza ni que tu parroquia te expulse en las urnas.

Seguir soñando

Una y mil veces seguiré defendiendo a Penélope. Por los sueños imaginados que no cumplí y por los que espero lograr. Por aquellos que han alcanzado lo que se han propuesto y han superado sus propios límites. Y por los que también pelean, aunque sin suerte, porque puede que algún día consigan lo que tanto anhelan. O algo que se le parezca.


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