Sara Montiel: cuando sus mentiras las convertía en verdad


En abril se cumplirán seis años de la muerte de Sara Montiel, quien tuvo tan mala suerte que después de toda una vida cultivando el divismo también falleció ese día Margaret Thatcher, con lo que las noticias a cinco columnas de los periódicos españoles y la apertura de los principales informativos se los llevó la exmandataria británica. Le ocurrió lo mismo a Farrah Fawcett con Michael Jackson. A veces el ‘timing’ juega estas malas pasadas, lo que tiene también su lado bueno, porque mucha gente no se entera y sigue creyendo que estás viva. Lo contrario de lo que le sucedió a Imperio Argentina en una entrevista con Alicia Senovilla, que le preguntaba por personas que ella creía que ya habían doblado la servilleta y estaban vivos como adolescentes en plena eclosión hormonal.

Sara Montiel era una mujer que no la pintan los pintores, como cantaba Junco. Una belleza superlativa que aguantaba el tirón, en Tokio, en Pekín o en Londón (sic), a Elizabeth Taylor o a María Félix, a Carmen Sevilla o a Sophia Loren. La actriz manchega tenía una fotogenia que no se la he visto a ninguna actriz de los tiempos actuales y que me perdone Penélope Cruz, que es lo que más se le puede acercar, pero bastante de lejos.

Una auténtica diosa

Cuando se dispone de una belleza tan estratosférica el mundo debe de verse de otra manera, en un permanente plano picado. Ser una diosa de esa magnitud, tener a hombres y a mujeres a tus pies, ser consciente de que una palabra tuya es un abracadabra, podía convertirte en alguien banal y desconsiderado, pero Saritísima era todo lo contrario: cercana, graciosa y jamás le oí decir una mala palabra de una compañera. Porque no lo necesitaba. Los superlativos no padecen el mal de la envidia.

Estos días que veía ‘El vicio del poder’, una espléndida película sobre Dick Cheney, exvicepresidente de Estados Unidos durante la administración de George Bush hijo, me acordaba de que uno de los momentos que reproduce, la caída de las Torres Gemelas. Lo compartí con la protagonista de ‘El último cuplé’, en el hotel Miguel Ángel de Madrid, donde almorzamos ese 11-S con ella un grupo de periodistas. En aquel entonces no teníamos internet en los móviles y en el salón en el que nos encontrábamos casi no había cobertura, así que nos enteramos de refilón, sin ser conscientes de la magnitud de la tragedia, que iba a cambiar el curso de la historia.

Mis encuentros con Sara

Sara, que emanaba un intenso perfume floral, llevaba el pelo suelto y rizado, había prescindido de su moño con raya al medio que tan de moda se ha puesto en los últimos años, y rezumaba juventud, aunque ya tenía 73 años. Su motivo para reunirse con nosotros era contarnos que le habían robado en casa y desvelarnos que había sido alguien árabe y mitómano, ya que al irrumpir en el salón de su casa, donde se encontraba con su hermana Elpidia (creo que también su último marido, Tony), afirmó: “Sara, alhajas”. Y la desvalijó.

En otro almuerzo en el mismo hotel, la actriz nos dijo que después de que aquel spot de los MTV de Barcelona para el que acuñó aquel irrepetible ‘mar-ve-lous’, había rodado una campaña para la misma cadena en la que promocionaba, entre otras cosas, la gastronomía española. Al día siguiente, cuando llamé al gabinete de prensa me dijeron que ellos no estaban ahí para desmentir ese tipo de ocurrencias.

Dos proyectos que no vieron la luz

Sara seguía aquella premisa de Lola Flores que en una entrevista con Lauren Postigo le dijo: “Yo mis mentiras las convierto en verdad”. La intérprete de ‘La violetera’ tenía una imaginación portentosa y, en otra ocasión que coincidimos en una fiesta de ‘Cine de barrio’ me dijo que tenía dos proyectos, pero que no los iba a aceptar. Uno de ellos, la adaptación de ‘Doña Bárbara’, la célebre novela de Rómulo Gallegos, para la cadena de televisión brasileña Globo. Un centenar de capítulos o más, pero ella no estaba dispuesta a separarse de sus hijos tanto tiempo. Ni por este papel ni por una biografía de los Reyes Católicos que hubiera podido rodar con Marlon Brando en Hawai, pero le suponía estar seis meses fuera de casa.

Ver esta publicación en Instagram

#jamesdean y la legendaria actriz española #saramontiel

Una publicación compartida de Dean México (@jamesdeanmexico) el

Da igual de dónde se sacara Sara estas ideas, qué había de verdad o de falso. Era tan maravilloso escucharla con aquella prosodia tan sensual y ese acento manchego que seguía manteniendo, que por mí como si me hubiera dicho que ‘Madame Bovary’ lo había escrito Corín Tellado. Musa de intelectuales, rompecorazones, porque estaba en su naturaleza, no por voluntad, adelantada a su tiempo, emprendedora, valiente, generosa. Los adjetivos se me quedan cortos porque no hay palabras para sintetizar la esencia de una mujer que pudo haber sido estrella de Hollywood, pero prefirió ser mito en España.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *