Eurovisión: a ver si se nos cae la venda de una vez

Foto escenario Festival Eurovisión 2019.

Fui eurofan cuando la palabra no se había inventado y dejé de serlo cuando me di cuenta de que Eurovisión tiene la misma premisa que ‘El ángel exterminador’, una de las mejores películas de la etapa mexicana de Luis Buñuel, en la que un grupo de personas están en una fiesta y cada vez que intentan salir de la casa hay algo que se lo impide. De tal forma que entran en una espiral de degradación física y moral, al ser incapaces de escapar de un bucle como el del festival que tanto amé y al que miro con indiferencia, porque jamás duró una flor dos primaveras.

Una buena metáfora para una delegación, la española, que es capaz de mandar a pseudoadolescentes que hacen gallos bajo la sombra del tongo y de tablas de surf virtuales, chikilicuatres que se ríen del certamen, puestas en escena propias de fiesta de fin de curso, estilismos de segundo mundo y efectos de magia que convierten a Juan Tamariz en un alumno aventajado de David Copperfield.

Dos ‘top ten’

Todos los años seguimos un protocolo idéntico. Se elige a un representante, generalmente con polémica, porque Eurovisión no somos todos. O mejor dicho, no todos somos la misma Eurovisión. Luego se nos pasa la bajona y nos entra una especie de síndrome de Estocolmo con nuestro representante. Lo que nos parecía fatal, empieza a ser resultón y cuando llega el gran día estamos convencidos de que o vamos a ganar o como poco quedar entre los diez primeros. Algo que, por cierto, solo han conseguido Pastora Soler y Ruth Lorenzo en los últimos diez años. En síntesis, como esa noche de ligue en la que te vas bajando el listón. O como Aldonza Lorenzo se convertía en Dulcinea del Toboso en las ensoñaciones de Don Quijote. Apreciar belleza en la fealdad de las cosas (o algo parecido).

Las eternas candidatas

Ya digo que cada año es el mismo ritual y el resultado suele ser casi idéntico. Acabamos en la parte baja de la tabla y con la sensación de que no volveremos a ganar. Luego, ya resacosos y con un optimismo antropológico que emerge sin venir a cuento empiezan las teorías conspiratorias, las hipótesis descabelladas, los planes para hacerlo mejor al año siguiente, las quinielas de artistas. Que si Marta Sánchez, que no quiere ir. Que si Mónica Naranjo, que tampoco. Que vuelva Ruth Lorenzo. Y así ad infinitum.

Este año Miki va a quedar fatal. Ya os lo digo yo. No por demérito suyo sino porque su propuesta es como si ambientáramos una boda con una marcha fúnebre y en un funeral sonara una canción de Abba. Que no sería ni la primera vez ni la última, pero que no esperen oro de lo que es hojalata. ‘La venda’ no está mal para una medio tajada a las cinco de la mañana en un pub o en una despedida de soltera en la que ya ha actuado el stripper y las orejas de conejo de las diademas de las invitadas están lacias como las posibilidades de llevarse algo decente a casa con quien amanecer.

La actuación de Madonna

Seguramente acabaré viendo la gran final, porque es más difícil salir de la costumbre que de las drogas, pero ni la estrategia de folclórica antigua de Madonna con su actuación (que si firmo, que si no firmo) ni las actuaciones “Cirque du Soleil” de algunos representantes que he visto de soslayo me seducen más que una película iraní de los 90. Aún así, Eurovisión siempre es una siesta.

[LEE MÁS: Madonna somos todos (o lo seremos algún día)]

Mientras tanto, me pondré el nuevo disco de Salvador Sobral, que él sí sabe cantar. Y con gusto.

Amaia Romero, sí

Portada El relámpago Amaia Montero

La vida no admite guiones. Ni fórmulas. Sí así fuera, todos nos bañaríamos en una infinity-pool de champán, nos traerían a casa la ropa de todas las tiendas de la Rue Saint Honoré de París y no nos acordaríamos de todo el santoral de la A a la Z cada mañana cuando suena el despertador. Sobre todo si tenemos esa suerte de que contamos con un motivo para despertarnos cada mañana y disponemos de medios para llenar nuestras neveras y llevar una vida si no de primerísimo mundo, de algo que se le parezca.

Por eso siempre he defendido la actitud de Amaia Romero de no plegarse a lo que otros esperaban de ella. Porque si hubiera hecho eso, ya habría publicado un disco hace unos meses, posiblemente con algún productor de moda, que dentro de un tiempo estaría arrumbado en el rincón de las canciones inservibles. Sin embargo, ella ha ido a su rollo, al tran-tran, y no se ha puesto a contar billetes de quinientos euros imaginarios antes de irse a dormir.

Se cometen tantos errores por aplicar fórmulas de éxito, por meterse en negocios que sobre el papel no entrañan ningún riesgo o simplemente por dejarnos guiar por lo que otros creen que puede ser bueno para nosotros, que me atrevo a afirmar que el cementerio está lleno de fracasados que se creyeron que un día iban a triunfar. Porque alguien se lo hizo creer o porque apostó a caballo ganador. Y a veces hay que hacerlo a perdedor, porque los milagros existen.

No pondré ejemplos de concursantes que pasaron por el mismo formato que a ella le convirtió en estrella. Tampoco de eurivisivos y wannabes que defendieron canciones de usar a tirar con la convicción del que cree tejer filigranas en los pentagramas y estaban cantando literalmente mierdas. Todos sabemos de quiénes hablamos y a poco que nos paremos a pensar caeremos en la cuenta que algunos llegaron, pero que otros solo asomaron la patita y después cayeron en el abismo del olvido y la indiferencia.

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Tras escuchar ‘El relámpago’ de Amaia Romero solo diré lo que ya manifesté en Twitter hace unos días, suena a ella. Mucho más de lo que se puede decir de otros artistas que llevan años siendo fotocopias desvaídas de otros ídolos que también han caído por querer ser a su vez sucedáneos de otras estrellas emergentes.

Y qué mejor que acabar con la más emblemática frase de la Agrado de ‘Todo sobre mi madre’: “Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”. Pero se puede. Aquí tenemos un ejemplo. Enhorabuena.

Amaia Romero y el mal Periodismo

Amaia Romero estudio grabación

A mediados de los 90, cuando empecé a ejercer el Periodismo internet no era una herramienta a mi alcance. Cada artículo que escribía obedecía a una serie de prácticas que parecen haberse perdido en una época en la que hay muchos más medios a nuestra disposición y en la que llegar hasta el epicentro de la realidad es mucho más sencillo.

Como sabe la gente que me lee de manera habitual, soy muy fan de Amaia Romero, más que por su música, de la que hasta el momento tenemos pocas muestras más allá de sus capacidades artísticas y unas cuantas canciones propias, por su actitud vital.

Noticias dañinas

No me puede gustar más que no escuche los cantos de sirena ni se pliegue a lo que otros esperan de ella. Algo que denota una gran autoestima, fuerza y seguridad en sí misma. Todo un ejemplo de empoderamiento en un mundo en el que quien más quien menos sucumbe a un cheque o a los símbolos externos de una fama que es muy promiscua. A las primeras de cambio te puede abandonar por un mejor postor.

Sin embargo, los encargados de narrar la realidad construyen relatos que en nada se corresponden con los hechos y que solo obedecen a la necesidad de conseguir un ‘clickbait’ que es pan para hoy y miseria para mañana. El mal Periodismo está matando a una profesión necesitada de noticias contrastadas, verificadas y honradas.

Ganadora de ‘Operación Triunfo’

Por eso, en nada contribuye publicar artículos afirmando que su fenómeno se desvanece o hacer juicios de valor como que podría sufrir la maldición del ganador de ‘Operación Triunfo’. Y utilizo su ejemplo, que es muy banal, en un mundo en el que ya no sabemos si lo que nos están contando es realidad o ficción, porque me parece muy didáctico para explicar el fenómeno que estamos viviendo en estos años.

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floreta meva!!🌷

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Mala práxis

En realidad que proliferen noticias de estas características sobre Amaia Romero es una anécdota en un océano de ‘fake news’ que nos está convirtiendo en personas desinformadas porque así lo han decidido otros con fines no precisamente altruistas. Creo que es vital recuperar la vieja práctica periodística de levantar los teléfonos para llamar a las discográficas, los mánagers o los promotores de los conciertos para cumplir con unos estándares mínimos de calidad y éticos. Porque sí no, compañeros, llegará un día que no tendremos donde escribir porque nadie nos va a creer.

[LEE MÁS: Amaia Romero, verdades y mentiras sobre una artista de solo 19 años]

Por suerte para ella, la cantante no parece prestar atención a lo que se publica, porque lo que digan los demás está de más, pero hay otros muchos a los que se puede estar dañando con lo que se afirma sobre ellos. Quizás porque son más vanidosos, vulnerables o débiles.

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estoy grabandooo!!!

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Ser responsables para ejercer nuestra profesión es algo tan básico como respirar, pero parece que nos estamos olvidando de ello. Y quizás llegará un día en que no haya vuelta atrás. Restaurar nuestra credibilidad como gremio está en nuestra mano, pero teclear noticias falsas, calumniar o hacer juicios de valor perniciosos no va a contribuir a que así sea.

Cepeda: los límites de la violencia

Foto Luis Cepeda

El ojo por ojo y el diente por diente es el peor de los caminos que puede elegir una persona o una sociedad. Así, un insulto no debe ser contestado con un golpe, pero el hostigamiento, la mofa, tampoco pueden quedar impunes. De lo contrario estaríamos dando alas a los agresores, que tendrían carta blanca para seguir humillando a su antojo y voluntad.

Hoy he visto el vídeo del incidente de Cepeda en una discoteca, en el que el cantante es objeto de escarnio y él, en un gesto instintivo, responde con un tortazo, que no le pareció importar demasiado a quien lo recibió porque se marchó muerto de la risa y con el propósito cumplido: un vídeo viral con el que dejar en mal lugar al ex de Aitana Ocaña.

[LEE MÁS: Cepeda, nada justifica los desmesurados ataques]

Podemos interpretarlo en diversas claves. No darle más importancia y considerar que es una chiquillada o una ocurrencia etílica, pero también podemos considerar que quien hace un cesto hace ciento. Que el gracioso de turno puede ser en su día a día un tirano en pequeña escala con los que él considera más vulnerables.

La peor de las opciones

La violencia nunca es una respuesta válida, pero mucho menos el código para manejarnos en nuestro devenir diario. Eso es lo que me preocupa. Ya he contado muchas veces que yo sufrí bullying en el colegio. Iba por los pasillos o en el patio, en los recreos, y no sabía por dónde me podía llegar un insulto, una colleja o incluso una agresión mayor. En esas circunstancias sientes pavor y estás a la defensiva, por lo que te quedas paralizado, como un animal acobardado, pero después sientes frustración, impotencia y tristeza.

Mi pavor propició que no respondiera a los ataques y es probable que si hubiera obrado de otra manera hubiera desencadenado consecuencias más graves, porque mis agresores rezumaban crueldad. Mi error fue no denunciarlo y mi acierto haber salido fortalecido de esa experiencia traumática y desarrollado una serie de recursos, el más importante, el buen uso de la palabra, para convertirme en un caso de éxito y no de fracaso. Sin embargo otros no tienen esa fortaleza y acaban con traumas que cuesta años de terapia erradicar, si es que se consigue.

La violencia en la política

La violencia se está instalando en todas las esferas de nuestra sociedad y, por supuesto, también en la política. Los insultos son ahora cuchillos afilados que se adentran en la carne de los adversarios como en un poema lorquiano posmoderno. Y lejos de quitar votos los suman, porque lo peor de la naturaleza humana está emergiendo tal que hienas en un gallinero. Twitter también contribuye a ello porque se ha convertido en un estercolero de vileza, en un altavoz para la inmundicia (y las ‘fake news’) y un lugar en el que las ideas tóxicas destruyen el sistema inmunitario de nuestro cerebro.

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Socorro

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Acoso en las redes

El acoso al que ha estado sometido Cepeda en las redes se ha extendido a las calles, como se ha podido comprobar en este vídeo. Los medios, por supuesto, han incidido en el tortazo (que no es justificable), pero no en la mala fe de la persona que agredía verbalmente al cantante. Quizás porque está muy bien visto el gallito del corral, la testosterona en vena, el envalentonado. Así que ese chaval puede sacar pecho y sentirse un héroe de serie b, por su proeza mediática, pero yo si fuera él no estaría muy orgulloso.

Amaia Romero y el significado de su gesto hacia Alfred García

Amaia Romero (Instragram)

Las redes sociales son como los tatuajes, con una ligera ventaja: podemos borrar el contenido con un solo click. Aún recuerdo el calvario que tuvo que pasar Melanie Griffith para quitarse el de Antonio Banderas y no quiero ni pensar si tu pareja tiene un nombre compuesto y le lo has decidido hacer a un cuerpo de letra enorme en una región delicada de tu cuerpo. La actriz estadounidense se lo borró en una etapa de desamor, pero seguramente que ahora no le importaría que siguiera ahí, porque cuando se cierran les heridas emergen de nuevo los rescoldos de las llamas del pasado.

Ayer, que era el Día de los Enamorados, se escribieron, ya os lo digo por adelantado, millones de mensajes que dentro de nada dejarán de tener sentido y que desaparecerán, porque ‘el invierno llega aunque tú no quieras’ cuando se rompe el amor. El desamor es como un catarro inoportuno, que aparece sigiloso hasta que se te instala en el centro del pecho. Otras es como un infarto, que de te deja tieso en el sitio. No tienes capacidad de reacción porque se ha desatado una tormenta perfecta y ya no hay quién, al borde del precipicio, pueda dar un paso atrás.

Nuevos titulares en los medios

Amaia Romero ha decidido hace unos días dar en diferido el paso de borrar uno de los pocos vestigios de su ex, Alfred García, en las redes sociales (un vídeo, aunque sigue manteniendo una foto de ambos en IG), un gesto que en el mundo digital equivale a hacer una escritura ante notario o firmar un acta de defunción. Como es lógico, ha generado un torrente de artículos, porque a falta de música, buenas son tortas. El día llegará en que ese interés disminuya y no estemos los demás haciendo exégesis de pequeños ni buscándole los tres pies al gato al que cantaba Rosario Flores.

[LEE MÁS: Alfred García, cuando la elegancia se confunde con el desprecio

La exconcursante de ‘Operación Triunfo’, una etiqueta, como la letra escarlata, que va a seguir llevando mucho tiempo, por mucho que demore el lanzamiento de su primer disco, apenas utiliza las redes sociales porque es una ‘outsider’. Se mueve al margen de los cauces más trillados y convive con la fama como los presentadores con la mosca de la tele. Hasta el mismísimo Narcís Rebollo, jefazo de su discográfica, Universal, ha dejado claro que no es de las que deja nada en lo que pueda estar involucrada en manos de los demás, y que malo será que para septiembre no tengamos fumata blanca.

Los motivos de Amaia Romero

Hacer ‘delete’ o ‘unfollow’ en Instagram es como quitar todos los portarretratos de tu casa porque no te apetece ver a un ser querido que ya no está o que ha dejado de serlo, pero no sabemos qué le ha llevado a Amaia a tardar tanto a dar este paso ni por qué lo ha hecho. Y que nadie espere que lo explique, porque no lo va a hacer…

Por mi manera de ser, yo habría mantenido ese vídeo, quizás porque soy poco nostálgico ni dado a recrearme en las imágenes del pasado. O porque soy de los que pienso que si quisiste mucho a alguien y cumplió su propósito en el pasado, debería prevalecer el recuerdo de lo bueno sobre lo malo. Nunca he entendido a los que despotrican sobre sus ex, solo porque ya no se aman (no es el caso de Alfred ni de Amaia). En mi caso, me resisto a renegar de etapas enteras de mi vida, a verlas en clave melodramática o salpicadas por el odio, que es una urticaria existencial que no te deja vivir.

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Su historia de amor

Como espectador, la historia de Amaia Romero y Alfred García fue bonita mientras duró y gracias a ‘Operación Triunfo’ va a perdurar en la memoria de los fanáticos del programa. Y quizás cuando pasen los años ellos también la recordarán con la ternura con la que atesoramos los recuerdos de nuestra juventud, una época en la que todo se sobredimensiona y se vive con mayor intensidad. Unos años en los que los errores se perdonan con más facilidad y los aciertos suelen ser fruto del azar más que del conocimiento o la intuición.

Amaia Romero: las axilas y el problema con el sonido eclipsaron lo principal

Amaia Romero foto Goya

La gala de la última edición de los Goya fue una de las mejores que recuerdo, junto con una presentada por Rosa María Sardá hace ya unos cuantos lustros. Andreu Buenafuente y Silvia Abril fueron unos maestros de ceremonias bien compenetrados, ágiles, chispeantes y naturales dentro de un encorsetado guión. Libres y atados, un oxímoron de manual. También la música contribuyó a dar lustre a la gala gracias, sobre todo, a la impresionante deconstrucción de ‘Me quedo contigo’ de Los Chunguitos, algo que ellos aplaudieron virtualmente a Rosalía través de Twitter.

Había muchas expectativas en torno a Amaia Romero y, aunque no decepcionó, su actuación palideció frente a la intérprete de ‘Malamente’. Rosalía es una artista tan disruptiva y con un nivel de perfección en cada una de sus apariciones, que sin aparente esfuerzo consigue que sean icónicas. La exconcursnate de ‘Operación Triunfo’, por su parte, es una artista con gran talento, una voz versátil y cuenta con algo difícil de conseguir, el cariño del público, que espera impaciente de una vez que lance su disco para sacar conclusiones. Aún así, no se encuentran en momentos vitales comparables y sus trayectorias van a ser muy diferentes.

Lo que sí dio titulares

La presencia de Amaia en los Goya estuvo marcada por varias circunstancias que han evitado que se hable de lo fundamental: su música. En la que más se ha incidido en los medios es que no se depiló los axilas, lo que generó titulares minutos después de que apareciera en el photocall. Después, su encuentro fortuito con Pedro Almodóvar, que volvió a estar brillante no solo en el homenaje a ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’ sino también ante las preguntas de los periodistas (sobre todo evaluando a los políticos como hipotéticos protagonistas de alguna de sus películas). Y por último, su salida al escenario para avisar de que había habido un problema técnico, que después explicó su discográfica mediante un comunicado. Más que nada para aclarar que no fue un despiste, que fue la conclusión primera que se sacó. No vaya a ser que acabemos convirtiéndola en la Carmen Sevilla de la música.

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Su situación es mucho más liviana que cuando Madonna rodó por las escaleras de los Brits Awards, se levantó y continuó con la coreografía en el punto en el que se encontraba la canción. Eso se llama profesionalidad, conseguida con décadas de trabajo y no se me ocurre un ejemplo mejor para ilustrar cómo debe encararse una situación de estas características.

La actuación de Amaia

Amaia Romero no defraudó en su cometido, pero la lástima es que no se aprovechó la situación para dar un empujón más, para que los que siguen mirándola con condescendencia y paternalismo vean de una vez que es una artista muy completa, no una concursante de un ‘talent’ que intenta ser famosa. Posiblemente tendremos mil ocasiones más para comprobar lo grande que puede llegar a ser, porque aún nos encontramos en la fase de crisálida. De la información que disponemos hasta ahora es que se inclina por los festivales, como marco para desplegar sus cualidades, y que no tiene ninguna prisa por irrumpir en las listas de ventas ni en las radiofórmulas. O incluso puede que ni siquiera ese sea su objetivo.

Renovación artística

La conclusión positiva que podemos sacar de todo esto es que nuestro ‘star system’ musical está en evolución, que están emergiendo nuevas figuras destinadas a decir mucho dentro y fuera de nuestras fronteras. La gran noticia es que no son clichés, productos al uso e intercambiables, como ya he dicho aquí anteriormente (“jamás duró una flor dos primaveras·, escribió Manuel Alejandro, y eso les va a ocurrir a la mayoría de artistas convencionales). Porque no es lo mismo tener éxito que ser un éxito. Lo primero te hace vulnerable, porque puede llegar un día que se desvanezca como una mariposa muerta entre los dedos, y lo segundo es lo que te garantiza que seguirás, que has llegado para quedarte. Creo que Amaia Romero está en la segunda categoría. Lo digo por intuición, es evidente, porque aún está dando sus primeros pasos y su futuro sigue siendo incierto.

Amaia Romero, el salto cualitativo respecto a sus compañeros

Actuar en los Goya como Amaia Romero no es cualquier cosa. Como tampoco lo es en los Oscar. De acuerdo, estamos en España y la dimensión de estos premios es mucho menor, pero es lo que hay. Son los galardones más importantes de nuestro cine y ya han alcanzado 33 ediciones, dirán algunos, la edad de Cristo, pero es un indicativo de que están más que consolidados.

Respecto a su presencia en esta ceremonia hay que hacer una pequeña reflexión. Por eso, debemos establecer una distinción entre buscar el estrellato y ser estrella. A veces una cosa puede ser consecuencia de lo primero, pero en otras está al margen de la voluntad de cada uno. Es lo que los americanos llaman ‘star quality’, o lo que es lo mismo, emanar una luz de manera natural, espontánea, innata. Muchos de los concursantes de los ‘talent’, no solo de ‘Operación Triunfo’, conocen un éxito fulgurante y trabajan con ahínco para mantenerlo, pero suelen acabar disueltos como azucarillo en café amargo.

Grandes de la música

Se me ocurren muchos ejemplos de cantantes que han arrasado, pero nunca han sido estrellas, porque una vez que no han conseguido un ‘hit’ su fama ha caído en picado, con la fuerza de las cataratas del Niágara ante la mirada de una Marilyn Monroe vestida de rojo. Otras no han necesitado un disco para estar vigente, como es el caso de las grandes, Barbra Streisand, Céline Dion, Madonna… Y de los grandes, Paul McCartney, Elton John, Tony Bennett.

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Sin haber llegado a este estatus todavía porque es muy joven, Amaia Romero, a sus 20 años, está labrándose un camino sin seguir con las pautas habituales de la maquinaria de las multinacionales: lanzamiento de disco, televisiones, radios, giras programadas… Sin comunicar ni uno solo de sus movimientos, va apareciendo como cabeza de cartel de festivales, se planta en los Goya… y del disco, nadie lo sabe.

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Los ‘haters’ de Alfred y Cepeda

Ahora que las estrategias de marketing ya no son lo que eran, quienes encuentran caminos distintos son los que suelen triunfar. A veces es algo tan sencillo como empatizar con el personaje, compartir sus valores y movilizar, como si de un electorado se tratase, a un ejército de fans que traten de levantar a su artista. Lo estamos viendo con Alfred García o con Cepeda, que son defendidos como si de la unidad de la patria se tratara, de los ataques de los ‘haters’.

El caso de Amaia Romero es mucho más marciano, porque no está haciendo ningún tipo de concesión a la galería y tiene a cierta prensa detrás tratando de construir un relato de alguien difícil, que va de la mano de su hermano, que sería quien estaría moviendo los hilos, y con un abogado vigilante por si le quieren meter una cláusula de tapadillo.

Las buenas y malas noticias

Hay una máxima que sigo en mi día a día y que siempre me ha funcionado: los hechos consumados. Son más elocuentes que las palabras, así que solo basta con observar lo que está ocurriendo y sacar conclusiones. Siempre puede haber quien le busque tres pies al gato porque las malas noticias vuelan como halcón detrás de una paloma, pero las buenas escuecen y a veces no interesa que se divulguen.

Amaia Romero: ni que fuera ella ‘Gran Hermano’

Foto Amaia Romero Zara

Estamos faltos de personajes. Está claro. Yo mismo lo veo en las portadas de las tradicionales revistas de los miércoles, que repiten una y otra vez a los individuos que proliferan en los programas de Tele 5, lo que explica también la caída de ventas del sector. Esta falta de noticias con empaque que veíamos en los años 80 cuando Estefanía de Mónaco cambiaba de novio como de biquini o cada frase de Isabel Preysler había que esculpirla en piedra, nos lleva a intentar de manera infructuosa nuevas caras con las que captar audiencias.

Amaia Romero, que sigue sin abrir la boca, es un claro ejemplo de cómo se puede diseccionar a una cantante en busca de la nada. Porque la exconcursante de ‘Operación Triunfo’ está demostrando que no tiene interés ninguno en que se habla de ella. Aún así, una foto en un supermercado o una camiseta de Zara de 8 euros pueden dar para un titular y ya si nos ponemos, también es noticiable que no ha dejado de respirar o que no se le cae el pelo.

Necesitamos estrellas

Aún así, que se informe de Amaia Romero tiene su punto costumbrista y no hace daño a nadie, es algo insustancial que lo mismo que aparece desaparecerá. Lo grave del momento informativo actual es que no hay personajes que den grandes titulares ni sean capaces de dejarte pensando. Nuestro ‘star system’ está huérfano de estrellas políticamente incorrectas, de divas como las del Hollywood dorado o, sin ser tan exigentes, de alguien medianamente interesante.

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La gracia de Amaia Romero es que va por libre y también, a su modo, es una forma de subversión, porque lo que se esperaba de ella era lo contrario. Recuerdo cuando a Rosa López, la ganadora de la primera edición la tuvieron del tingo al tango hasta que se le rompió la voz. Por cierto que ella también ha su modo fue desarrollando un grado de rebeldía que otros han querido convertir en carencia de éxito, pero no es así. Tras terminar su relación contractual con su última casa discográfica, ha fichado por un Canal Sur y a a seguir cantando, que, al final, es su máximo propósito.

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Que monísima por favor 🤧💕💙 📍Barcelona

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Me encantaría saber qué piensa Amaia de la trascendencia que le damos que vaya al Mercadona o le de 8 euros a Amancio Ortega por una prenda de vestir. A mí me daría mucha risa.

Gracias a Miguel Bernadeu estamos todos más tranquilos

Foto Miguel Bernardeu Elite

Amigas, hoy respiro más tranquilo. Que resulta que Aitana Ocaña y Miguel Bernardeu son novios. Lo ha dicho la madre del actor de la serie ‘Élite’, la mismísima Ana Duato, así que ya doy por muertos todos esos titulares de los supuestos encuentros secretos entre la intérprete de ‘Lo malo’ y Cepeda. Y la prima de Nacho Duato tiene pinta de ser una suegra encantadora, no como Jane Fonda que hacía la vida imposible a Jennifer Lopez en aquella comedia romántica que de vez en cuando repone Tele 5.

Y como nos gustan mucho las narrativas clásicas, pronto empezarán las preguntas de los planes de boda, los hijos, los bautizos, las comuniones y hasta qué estudiará su prole, si irá a la universidad o si seguirán sus pasos. Esa metáfora tan manida que siempre me trae a la mente un perrito detrás de su dueño, porque por instinto no sabe hacer otra cosa que acompañarle allá donde valla.

El poder de Instagram

Desde que existen las redes sociales y en especial Instagram podemos vivir la realidad al minuto, así que los famosos son los responsables de que ser paparazzi se haya convertido en una profesión tan en desuso como la de afilador de cuchillos (te sale más barato comprarte uno en Ikea). Ahora estás cenando con alguien y es como el eslogan de la CNN, “está pasando, lo estás viendo”. Es más, tenemos mucha más necesidad de dejar constancia ante los demás de lo que estamos haciendo que de disfrutar de las experiencias. Así nos va.

Instagram se ha convertido también en el mejor soporte publicitario (aunque ahora acaban de cambiar las normas y van a ser mucho más estrictos) y la propia Aitana Ocaña es ya una ‘influencer’ que muy pronto eclipsará a otras ya consagradas como Paula Echevarría, Sara Carbonero o Dulceida, porque otra de las características de este tipo de popularidad es que suele ser efímera, aunque en los casos mencionados llevan años viviendo muy bien de ello.

Ídolos juveniles

Celebro desde aquí el amor entre Aitana Ocaña y Miguel Bernardeu, dos referentes generacionales con miles de admiradores que podrán forrar las carpetas con imágenes suyas. Igual que en los 80 se llenaban con fotos recortadas de las revistas Súper Pop o Ragazza de Tom Cruise, Rob Lowe o Luis Miguel. Y para los compañeros de la prensa que siguen buscando titulares que retorcer, conspiraciones donde no las hay o traiciones de telefilme de Antena 3 lo único que me queda es darles ánimos. Si la realidad les estropea los clickbaits, que sigan intentándolo.

Y en la ficción, seguiremos pendientes de lo que le ocurre al personaje de Miguel Bernardeu en su serie de Netflix, el ‘Al salir de clase’ de al nuevo milenio, del que estoy estoy deseando que llegue la segunda temporada.

Amaia Romero, cuando sus deseos son órdenes

Amaia Romero Instagram

Esta semana escribía sobre el disco de Ana Guerra, ‘Reflexión’, que no es ni bueno ni malo ni todo lo contrario. Lo mismo me ocurrió con el de Miriam Rodríguez, de quien ya no recuerdo ninguna de las canciones. Sin embargo, el de Alfred García, que está compuesto y producido por él, me dejó una huella algo más duradera. Hablo en pasado, porque se publican tantas cosas que no me da tiempo a fidelizar ninguna. Aún tengo el cola el nuevo de los Backstreet Boys, al que le daré una oportunidad solo por nostalgia y lo nuevo de Santana, ‘In Search of Mona Lisa’, que escucho mientras escribo estas líneas.

[LEE MÁS: Ana Guerra, lo que se podía esperar de ella]

Dicho esto para llegar a la conclusión de que se produce tanta música que, o haces algo especial, o corres el peligro de morir sepultado por los lanzamientos de la semana siguiente. O incluso de la misma. Del disco de Ana Guerra solo me acuerdo de ‘Lo malo’ porque es una canción que triunfó lo suyo durante meses, pero sería incapaz de tararear nada más y no sé cuál será su recorrido comercial, pero no se lo auguro demasiado largo, porque tenemos ya encima los meses en los que las grandes estrellas lanzan sus nuevos trabajos.

Amaia Romero, casi anónima

Por eso entiendo divinamente el camino de Amaia Romero, de quien con tanta asiduidad escribo, porque no lo puedo evitar, es un personaje que me fascina. No tiene ni 20 años, no hace nada por ser famosa, no se pavonea por los ‘photocalls’ y cada día se generan no sé cuántos titulares sobre ella. Sin que abra la boca. Tal vez si lo hiciera, si hubiera lanzado un disco a prisa y corriendo ya estaríamos hablando de otra cosa. El misterio es algo con lo que ha acabado el consumo masivo de productos audiovisuales y las redes sociales. Tenemos una necesidad ansiosa de inmediatez que nos incapacita para paladear las experiencias y ralentizar nuestras vivencias.

Me parece bien que Amaia Romero haya optado por dejarse ver en festivales, donde el público va con vocación, en lugar de hacer programas de televisión cuyos efectos duran menos que una pompa de jabón en el aire. No sé si a vosotros os pasa, pero desde que tengo música en streaming, plataformas de televisión en streaming, prensa online, tiendo a olvidarme de lo que consumo en cuestión de minutos. Son demasiados los estímulos y pocos los que anidan en mi mente o en mi corazón. Así que dentro de varias décadas seguramente que tendré sensaciones más vívidas de lo que pasó en los 80 y en los 90, que en esta época en la que nuestros pensamientos discurren por autopistas virtuales.

De Mariah Carey a Ariana Grande

Ayer mismo volvía a la música retro como banda sonora mientras me dedicaba a organizar mi día. Quizás porque son canciones que amo o con las que he amado, a las que les dediqué su tiempo y que pulsan las teclas de mis sentimientos. Sin embargo, en los últimos meses no he conseguido retener ni una sola melodía del último disco de Mariah Carey, que, por cierto, está muy bien producido y merecía más suerte de la que ha tenido, no me he enganchado a ninguna canción de Ariana Grande y, salvo, lo nuevo de James Blake (su canción con Rosalía es delicada como un encaje de Bruselas, no os la perdáis), no he regresado a ningún lanzamiento de los últimos meses.

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gracias @palomawool 💜✨

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Espero que, como digo en el titular, los deseos de Amaia Romero sean órdenes. Que en efecto esté haciendo el disco que le guste y que no actúe en escenarios que no quiere pisar. Elegir siempre es un lujo y como no es habitual que nos dejen hacerlo, si ella puede que no pierda la oportunidad.