Eurovisión: a ver si se nos cae la venda de una vez

Foto escenario Festival Eurovisión 2019.

Fui eurofan cuando la palabra no se había inventado y dejé de serlo cuando me di cuenta de que Eurovisión tiene la misma premisa que ‘El ángel exterminador’, una de las mejores películas de la etapa mexicana de Luis Buñuel, en la que un grupo de personas están en una fiesta y cada vez que intentan salir de la casa hay algo que se lo impide. De tal forma que entran en una espiral de degradación física y moral, al ser incapaces de escapar de un bucle como el del festival que tanto amé y al que miro con indiferencia, porque jamás duró una flor dos primaveras.

Una buena metáfora para una delegación, la española, que es capaz de mandar a pseudoadolescentes que hacen gallos bajo la sombra del tongo y de tablas de surf virtuales, chikilicuatres que se ríen del certamen, puestas en escena propias de fiesta de fin de curso, estilismos de segundo mundo y efectos de magia que convierten a Juan Tamariz en un alumno aventajado de David Copperfield.

Dos ‘top ten’

Todos los años seguimos un protocolo idéntico. Se elige a un representante, generalmente con polémica, porque Eurovisión no somos todos. O mejor dicho, no todos somos la misma Eurovisión. Luego se nos pasa la bajona y nos entra una especie de síndrome de Estocolmo con nuestro representante. Lo que nos parecía fatal, empieza a ser resultón y cuando llega el gran día estamos convencidos de que o vamos a ganar o como poco quedar entre los diez primeros. Algo que, por cierto, solo han conseguido Pastora Soler y Ruth Lorenzo en los últimos diez años. En síntesis, como esa noche de ligue en la que te vas bajando el listón. O como Aldonza Lorenzo se convertía en Dulcinea del Toboso en las ensoñaciones de Don Quijote. Apreciar belleza en la fealdad de las cosas (o algo parecido).

Las eternas candidatas

Ya digo que cada año es el mismo ritual y el resultado suele ser casi idéntico. Acabamos en la parte baja de la tabla y con la sensación de que no volveremos a ganar. Luego, ya resacosos y con un optimismo antropológico que emerge sin venir a cuento empiezan las teorías conspiratorias, las hipótesis descabelladas, los planes para hacerlo mejor al año siguiente, las quinielas de artistas. Que si Marta Sánchez, que no quiere ir. Que si Mónica Naranjo, que tampoco. Que vuelva Ruth Lorenzo. Y así ad infinitum.

Este año Miki va a quedar fatal. Ya os lo digo yo. No por demérito suyo sino porque su propuesta es como si ambientáramos una boda con una marcha fúnebre y en un funeral sonara una canción de Abba. Que no sería ni la primera vez ni la última, pero que no esperen oro de lo que es hojalata. ‘La venda’ no está mal para una medio tajada a las cinco de la mañana en un pub o en una despedida de soltera en la que ya ha actuado el stripper y las orejas de conejo de las diademas de las invitadas están lacias como las posibilidades de llevarse algo decente a casa con quien amanecer.

La actuación de Madonna

Seguramente acabaré viendo la gran final, porque es más difícil salir de la costumbre que de las drogas, pero ni la estrategia de folclórica antigua de Madonna con su actuación (que si firmo, que si no firmo) ni las actuaciones “Cirque du Soleil” de algunos representantes que he visto de soslayo me seducen más que una película iraní de los 90. Aún así, Eurovisión siempre es una siesta.

[LEE MÁS: Madonna somos todos (o lo seremos algún día)]

Mientras tanto, me pondré el nuevo disco de Salvador Sobral, que él sí sabe cantar. Y con gusto.

Luke Perry, adiós a la juventud

Foto Luke Perry

Nunca vi ‘Sensación de vivir’. Ni siquiera sé cuál era el personaje que interpretaba Luke Perry. Fui más de ‘Melrose Place’, pero tampoco mucho. Así que todo lo que sé del actor lo he leído hoy que ha muerto y estos días de atrás porque le había dado un infarto cerebral y como periodista tenía que estar al tanto de su evolución.

La imagen que tenía del artista, sin embargo, era muy potente, porque en su momento de mayor esplendor me rodeaban carpetas forradas con su imagen e inevitablemente vi algún trozo de la serie creada por Aaron Spelling.

Series que nunca vi

Para mí Luke Perry representaba la juventud, la alegría de vivir, el carpe diem. Porque lo veía en la cara de sus fans y lo escuchaba en las conversaciones que surgían a propósito de la serie que, ya digo, me pasó de largo como ‘Friends’ o ‘Los Soprano’. La vida es así, no se puede abarcar todo.

Hoy he sentido una punzada de tristeza porque estoy en esa edad en la que me desaparece gente o se enferma, a veces sin remedio. Me encuentro en una coyuntura en la que cada día es muy valioso y no puedo desperdiciarlo. Soy mucho más consciente de las cosas y tanbién más sensible. Frágil y fuerte al mismo tiempo.

Un ‘flash-back’ vital

Por eso cuando llega la muerte de alguien de forma prematura, como ha sido este caso, me aferro más a las cosas y estoy menos dispuesto a dejarlas partir. A la vez que acepto la derrota, las ausencias y que quien no quiere estar no está. Antes de que Marie Kondo existiera, ya hacía hueco en mis armarios emocionales para que la vida siguiera fluyendo.

Hoy toda una generación llora no al Luke Perry que se ha ido sino al que queda en su memoria. Así que han hecho un enorme ‘flash-back.’ Han recuperado vivencias que tal vez estaban ya descatalogadas, personas que creían olvidadas y situaciones quién sabe si superadas. La suerte, además, es que los artistas nos dejan grandes vestigios no solo en nuestra mente sino en los documentos audiovisuales que podemos revisitar siempre que nos apetece.

Marcaron a una generación

Cada vez que se va un Luke Perry o una Carrie Fisher, que también nos dejó de manera inesperada hace un par de años y que tanto significó para los que crecieron al ritmo de ‘La guerra de las galaxias’, renacemos nosotros porque volvemos a ser conscientes tenemos la suerte de estar vivos. Y si no tan lozanos, sí con el ansia de la juventud, con las ganas de seguir aquí. Para reír o para llorar. Porque todavía puede pasar de todo…

Tita Cervera, el lujo de vivir como quiere

Joan Collins hubiera sido hace unos años la intérprete perfecta para interpretar a Tita Cervera en un ‘biopic’. Sin tener la baronesa Thyssen las cualidades morales o, tal vez sería mejor decir, amorales, de Alexis Carrington, el pérfido personaje que la actriz británica encarnaba en la serie ‘Dinastía’. Siempre me imagino a Carmen maquinando para sacar adelante su vida. Asediada por los tiburones y los oportunistas que quieren sacar tajada, al igual que ocurría en la ‘soap opera’ de Aaron Spelling.

Anoche devoré ‘Noche en el museo’, la entrega de ‘Salvados’ dedicada a Tita Cervera. Se fue tantas veces por la tangente hasta el punto de que Jordi Évola parecía una escultura de Giacometti a la que le habían regalado unos ‘souvenirs’ de la tienda del museo Thyseen. Lo que es sacarle una pizca de información es algo que apenas vimos. A veces sus respuestas eran tan nihilistas como las de Tamara Falcó y otras tan contracorriente como las de Catherine Deneuve. Sobre todo cuando habló de los productores depredadores de Hollywood y estableció diferencias entre las agresiones sexuales a las mujeres y el cortejo que se pasa de la raya. Algo que muchas feministas, ella que se definió como femenina, tendrán a partir de ahora como arma arrojadiza contra ella.

Cercana y distante

Tita Cervera es una mujer cercana, nada protocolaria y muy simpática. Sin embargo, como lideresa de sí misma, no da muchas opciones a los que intentan hurgar en su pasado o meter el dedo en la llaga. La baronesa lleva toda la vida nadando en las aguas procelosas del glamour y del poder. Un entorno que curte más que una guerra de trincheras. Por eso no era de esperar ni que se abriese en canal. Ni que apareciera con la actitud contrita del que se pone de rodillas en un confesionario.

Hay muchas leyendas urbanas en torno a la que fuera Miss España, pero poca más información que los apuntes de Wikipedia y lo que ella ha querido que trascienda. De tal forma que si hay un personaje que necesita ser contado es ella. Nos faltarían una biografía autorizada y otra que no para hacer un retrato digo de colgar en alguno de sus museos. En la coleccionista de arte se dan cita a partes iguales la realidad y la ficción. Entremezcladas hasta tal punto que ya no se sabe si lo que se ve es lo que hay o lo que uno se imagina.

Sexy a los 75

La baronesa Thyssen no concretó ayer cuando se le preguntó por la literatura, la Biblia o de las garras de Hacienda. Su melena, esta vez mejor peinada de lo habitual, era un escudo antimisiles que se atusaba cada vez que Jordi Évole se acercaba a una línea roja. Y si no, abría aún más una petrificada sonrisa que era el equivalente a los carteles en los que reza ‘cuidado con el perro”.

Aún así, pese a lo no dicho y a lo ni siquiera insinuado, fue un placer ver a Carmen Cervera en su esplendor. Luciendo ‘paillettes’ y encajes, rezumando un espíritu sexy que no ha logrado erradicar sus 75 años ni las cornadas que da la vida. Porque cuando ha tenido que bajarse al barro lo ha hecho, pero cuando se la tiene delante hay que llamarla de usted. No hay que perder nunca de vista lo poderosa y lo brava que es.

José Coronado, el arte de elevar el listón

Vivir sin permiso foto

Hace unos días llegué por casualidad a ‘Vivir sin permiso’. Al igual que me ocurrió con ‘La casa de papel’ o ‘Fariña’ (ambas de Antena 3) no seguí esta serie cuando se emitió en Tele 5, porque hace mucho que casi solo consumo televisión en ‘streaming’. Lo he intentado con ‘Operación Triunfo’ o ‘La Voz’, pero se me hacen tan largos y repetitivos que siempre acabo dejándolo a la mitad como esos libros que no te enganchan y que llevas contigo a todas partes hasta que te aburres y lo dejas olvidado en cualquier parte.

Uno de los milagros de la democratización de los contenidos audiovisuales a través de plataformas como Netflix o HBO es que puedes administrar tus tiempos y hacer un ocio a la carta, así que, aunque con retraso respecto a su estreno, gracias a ellas he disfrutado de productos que hubiera dejado pasar de largo.

La estrella de la serie

Reconozco que el único motivo por el que me decidí a verla fue por José Coronado, porque solo que los capítulos fueran trece y duraran unos 75 minutos suponía dedicarle casi el mismo tiempo que a ver 13 películas, por lo que estuve merodeando por el menú de la plataforma hasta que me decidí a hacer un ‘clickbait’ en toda regla.

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Inseparables #VivirSinPermiso

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A priori el tema del narcotráfico tampoco me interesaba en exceso (no le he dado ni una oportunidad a ‘Narcos’), por lo que estuve que sí que no unos cuantos días, hasta que caí en la ‘trampa’. La serie es un híbrido de ‘Fariña’ y ‘Herederos’ que, más allá de la poca originalidad de lo que cuenta, es tan adictiva como la peor fast-food y se disfruta como cochino en una charca. En apenas tres días casi me he ventilado la primera temporada y muero de ganas por que estrenen la segunda.

Más allá de ser un entretenimiento del que dentro de unas semanas tan solo recordaré algunas ‘punch-lines’, que muy bien podría haber verbalizado la mismísima Carmen Orozco, aquel inolvidable personaje de Concha Velasco en la ya mencionada ‘Herederos’, sobresale el trabajo de José Coronado, a quien la edad sienta tan bien.

Sus primeros papeles

Aún recuerdo cuando le descubrí en ‘Brigada Central’, en la que tanto mostraban su velludo torso, como ahora el lampiño de Álex González en ‘Vivir sin permiso’ o dando el primer beso en pantalla grande a Isabel Pantoja en ‘Yo soy esa’. Era un actor que no destacaba, a mi entender, más que por su físico, que era apabullante. Siempre que pienso en él me acuerdo de Juan Luis Galiardo, quien siguió una evolución artística muy similar. De papeles de galán o granuja de poca enjundia a hombres más grandes que la vida en su madurez.

Su gran impronta

En cualquier producto, José Coronado eleva el listón de la calidad con su carisma. Con una naturalidad que parece no costarle ningún esfuerzo. No importa que esté en malas manos, que el guión que le toque en suerte sea mediocre. Siempre está bien. Su voz profunda, con destellos juveniles que a veces asoman en su excelente dicción, sus canas y arrugas son como la estructura de una casa bien construida que se mantiene sólida y firme, aunque a su alrededor proliferen edificios vigorosos en su novedad, pero de futuro más incierto, porque tal vez sean fruto de una moda pasajera y envejezcan mal.

‘Dirty John’, la nueva serie malísima que te encantará

Foto Connie Briton y Eric Bana en 'Dirty John'

Entre leer a Marcel Proust y ver ‘GH Duo’ hay un millón de posibilidades y todas son válidas. Es más, estas dos opciones no son excluyentes ni incompatibles. El mundo, por suerte, es mestizo. Por eso, me puedo imaginar el infierno lleno de individuos que exclusivamente se han recreado en este genio francés de la literatura y otros de ese palo (Faulkner, James Joyce, Dos Passos, Céline). También lleno de fans de ‘realities’ y ‘Sálvame’. Por eso, como formuló Aristóteles, la virtud está en el término medios.

Siguiendo el consejo del filósofo griego, hay días que me doy a la alta literatura (quizás no tan alta como ‘En busca del tiempo perdido’, pero casi). Otros a seriales basados en hechos reales como ‘Dirty John’, que fue producido para Bravo y que en España podemos disfrutar gracias a Netflix. Y digo bien, disfrutar. Se trata de un despropósito que, si sobrevives al primer episodio, te querrás tragar de un tirón. Como esas pizzas que te van a destrozar las arterias, pero que una vez que das un bocado, tu cuerpo pide más.

Basado en hechos reales

‘Dirty John’ es la adaptación de un podcast del periodista Christopher Goffard para Los Angeles Times que cuenta la devastadora historia de un individuo sin escrúpulos que seduce a una mujer a la que literalmente le destruye la vida. Nada que no hayas visto ya en un telefilme de Antena 3 los sábados por la tarde. Aún así, merece una oportunidad. No solo por la gran interpretación de sus protagonistas, Connie Britton (no me digáis que su nombre no vale también para una cantante de ‘country’), que fue nominada al Globo de Oro por este papel, y Eric Bana.

La evasión es más que necesaria en tiempos revueltos como los que nos está tocando vivir y ‘Dirty John’ es entretenimiento ‘camp’ en estado puro. Los estilismos de la protagonista son pura sublimación de una América que nunca será París. Los diálogos hubieran logrado la aprobación de Aaron Spelling, mítico creador de ‘Sensación de vivir’ y ‘Melrose Place’. Y el resto del reparto podría haber formado parte del elenco de ‘Homo Zapping’. Especialmente la madre de la protagonista, que a veces recuerda también a Sophia Petrillo de ‘Las chicas de oro’, pero en clave dramática.

Un ‘must see’

Por todos estos motivos y otros que vosotros mismos descubriréis, ‘Dirty John’ es la serie ‘low cost’ que estabas esperando. No hay nada mejor que ver a gente que lo está pasando peor que tú en la ficción para darte cuenta que la vida merece la pena. Aunque solo sea por estos placeres no culpables.

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Gracias a Netflix he disfrutado en los últimos meses de subproductos maravillosos como ‘Elite’ o ‘You’. Series, que, por suerte, tendrán nuevas temporadas. Tras acabar ‘Dirty John’ me he quedado un poco huérfano. No me queda otra que navegar en su inabarcable catálogo en busca de un diamante en un estercolero. O viceversa. Porque no solo de ‘Roma’ viven nuestras pupilas. El universo no se acaba en Alfonso Cuarón. Hay otros planetas que visitar.

Cepeda: los límites de la violencia

Foto Luis Cepeda

El ojo por ojo y el diente por diente es el peor de los caminos que puede elegir una persona o una sociedad. Así, un insulto no debe ser contestado con un golpe, pero el hostigamiento, la mofa, tampoco pueden quedar impunes. De lo contrario estaríamos dando alas a los agresores, que tendrían carta blanca para seguir humillando a su antojo y voluntad.

Hoy he visto el vídeo del incidente de Cepeda en una discoteca, en el que el cantante es objeto de escarnio y él, en un gesto instintivo, responde con un tortazo, que no le pareció importar demasiado a quien lo recibió porque se marchó muerto de la risa y con el propósito cumplido: un vídeo viral con el que dejar en mal lugar al ex de Aitana Ocaña.

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Podemos interpretarlo en diversas claves. No darle más importancia y considerar que es una chiquillada o una ocurrencia etílica, pero también podemos considerar que quien hace un cesto hace ciento. Que el gracioso de turno puede ser en su día a día un tirano en pequeña escala con los que él considera más vulnerables.

La peor de las opciones

La violencia nunca es una respuesta válida, pero mucho menos el código para manejarnos en nuestro devenir diario. Eso es lo que me preocupa. Ya he contado muchas veces que yo sufrí bullying en el colegio. Iba por los pasillos o en el patio, en los recreos, y no sabía por dónde me podía llegar un insulto, una colleja o incluso una agresión mayor. En esas circunstancias sientes pavor y estás a la defensiva, por lo que te quedas paralizado, como un animal acobardado, pero después sientes frustración, impotencia y tristeza.

Mi pavor propició que no respondiera a los ataques y es probable que si hubiera obrado de otra manera hubiera desencadenado consecuencias más graves, porque mis agresores rezumaban crueldad. Mi error fue no denunciarlo y mi acierto haber salido fortalecido de esa experiencia traumática y desarrollado una serie de recursos, el más importante, el buen uso de la palabra, para convertirme en un caso de éxito y no de fracaso. Sin embargo otros no tienen esa fortaleza y acaban con traumas que cuesta años de terapia erradicar, si es que se consigue.

La violencia en la política

La violencia se está instalando en todas las esferas de nuestra sociedad y, por supuesto, también en la política. Los insultos son ahora cuchillos afilados que se adentran en la carne de los adversarios como en un poema lorquiano posmoderno. Y lejos de quitar votos los suman, porque lo peor de la naturaleza humana está emergiendo tal que hienas en un gallinero. Twitter también contribuye a ello porque se ha convertido en un estercolero de vileza, en un altavoz para la inmundicia (y las ‘fake news’) y un lugar en el que las ideas tóxicas destruyen el sistema inmunitario de nuestro cerebro.

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Socorro

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Acoso en las redes

El acoso al que ha estado sometido Cepeda en las redes se ha extendido a las calles, como se ha podido comprobar en este vídeo. Los medios, por supuesto, han incidido en el tortazo (que no es justificable), pero no en la mala fe de la persona que agredía verbalmente al cantante. Quizás porque está muy bien visto el gallito del corral, la testosterona en vena, el envalentonado. Así que ese chaval puede sacar pecho y sentirse un héroe de serie b, por su proeza mediática, pero yo si fuera él no estaría muy orgulloso.

Amaia Romero y el significado de su gesto hacia Alfred García

Amaia Romero (Instragram)

Las redes sociales son como los tatuajes, con una ligera ventaja: podemos borrar el contenido con un solo click. Aún recuerdo el calvario que tuvo que pasar Melanie Griffith para quitarse el de Antonio Banderas y no quiero ni pensar si tu pareja tiene un nombre compuesto y le lo has decidido hacer a un cuerpo de letra enorme en una región delicada de tu cuerpo. La actriz estadounidense se lo borró en una etapa de desamor, pero seguramente que ahora no le importaría que siguiera ahí, porque cuando se cierran les heridas emergen de nuevo los rescoldos de las llamas del pasado.

Ayer, que era el Día de los Enamorados, se escribieron, ya os lo digo por adelantado, millones de mensajes que dentro de nada dejarán de tener sentido y que desaparecerán, porque ‘el invierno llega aunque tú no quieras’ cuando se rompe el amor. El desamor es como un catarro inoportuno, que aparece sigiloso hasta que se te instala en el centro del pecho. Otras es como un infarto, que de te deja tieso en el sitio. No tienes capacidad de reacción porque se ha desatado una tormenta perfecta y ya no hay quién, al borde del precipicio, pueda dar un paso atrás.

Nuevos titulares en los medios

Amaia Romero ha decidido hace unos días dar en diferido el paso de borrar uno de los pocos vestigios de su ex, Alfred García, en las redes sociales (un vídeo, aunque sigue manteniendo una foto de ambos en IG), un gesto que en el mundo digital equivale a hacer una escritura ante notario o firmar un acta de defunción. Como es lógico, ha generado un torrente de artículos, porque a falta de música, buenas son tortas. El día llegará en que ese interés disminuya y no estemos los demás haciendo exégesis de pequeños ni buscándole los tres pies al gato al que cantaba Rosario Flores.

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La exconcursante de ‘Operación Triunfo’, una etiqueta, como la letra escarlata, que va a seguir llevando mucho tiempo, por mucho que demore el lanzamiento de su primer disco, apenas utiliza las redes sociales porque es una ‘outsider’. Se mueve al margen de los cauces más trillados y convive con la fama como los presentadores con la mosca de la tele. Hasta el mismísimo Narcís Rebollo, jefazo de su discográfica, Universal, ha dejado claro que no es de las que deja nada en lo que pueda estar involucrada en manos de los demás, y que malo será que para septiembre no tengamos fumata blanca.

Los motivos de Amaia Romero

Hacer ‘delete’ o ‘unfollow’ en Instagram es como quitar todos los portarretratos de tu casa porque no te apetece ver a un ser querido que ya no está o que ha dejado de serlo, pero no sabemos qué le ha llevado a Amaia a tardar tanto a dar este paso ni por qué lo ha hecho. Y que nadie espere que lo explique, porque no lo va a hacer…

Por mi manera de ser, yo habría mantenido ese vídeo, quizás porque soy poco nostálgico ni dado a recrearme en las imágenes del pasado. O porque soy de los que pienso que si quisiste mucho a alguien y cumplió su propósito en el pasado, debería prevalecer el recuerdo de lo bueno sobre lo malo. Nunca he entendido a los que despotrican sobre sus ex, solo porque ya no se aman (no es el caso de Alfred ni de Amaia). En mi caso, me resisto a renegar de etapas enteras de mi vida, a verlas en clave melodramática o salpicadas por el odio, que es una urticaria existencial que no te deja vivir.

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Su historia de amor

Como espectador, la historia de Amaia Romero y Alfred García fue bonita mientras duró y gracias a ‘Operación Triunfo’ va a perdurar en la memoria de los fanáticos del programa. Y quizás cuando pasen los años ellos también la recordarán con la ternura con la que atesoramos los recuerdos de nuestra juventud, una época en la que todo se sobredimensiona y se vive con mayor intensidad. Unos años en los que los errores se perdonan con más facilidad y los aciertos suelen ser fruto del azar más que del conocimiento o la intuición.

Alba Flores, los genes y el trabajo, combinación ganadora

Foto Alba Flores La casa de papel

Cuando tu padre, Antonio Flores, te deja una canción grabada que lleva tu nombre, ‘Alba’, que se sabe toda España, tienes la popularidad garantizada desde el momento de nacer. O incluso antes. Como le pasó a su tía, Lolita Flores, que era ya famosa desde que estaba en la barriga de su madre, Lola Flores. Lo que tú hagas después con esa fama heredada, depende de ti. Así como la gestiones irá tu vida. Aunque no soy de los que creo en el causa-efecto, en las generalizaciones ni en el voluntarismo, sí considero que gran parte de lo que le está ocurriendo a Alba Flores es consecuencia de haber sabido tomar las decisiones adecuadas.

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chimchimineychimchimineychimchimcheree 🎶 #amorylujo #visavis

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Las plegarias atendidas

Cuando yo era adolescente, soñaba con escribir, aunque no tenía muy claro ni el nivel de mi talento ni los caminos que iba a elegir para poner en práctica esta vocación. De hecho, a día de hoy, superada la barrera de los 40, considero que no he dicho ni de lejos todo lo que algún día acabaré expresando negro sobre blanco. Quién sabe si mirando una cámara o ante un micrófono. Todos fantaseamos con unas metas que en la mayoría de la ocasiones no se cumplen, pero muy pocos hemos dado los pasos adecuados para conseguirlas.

La mayoría hemos aceptado atajos que se han acabado convirtiendo en caminos kilométricos que nos han alejado de lo que habíamos imaginado. A veces para dejarnos en situaciones mucho mejores de las que anhelábamos. Otras, peor. No hay manual de instrucciones. Y en mi caso debo decir que muchas de mis plegarías, como manifestó Santa Teresa de Jesús, no han sido atendidas. Afortunadamente.

El ansia de la juventud

Alba Flores optó por el camino largo, por el poco a poco, por la formación. La paciencia ha sido una de sus virtudes. Eso parece. También tenemos que subrayar que la actriz, con quien comparto cumpleaños, ya que ambos nacimos un 27 de octubre, ella de 1986, y yo del año de la crisis del petróleo, sigue siendo jovencísima. En unos tiempos en que se glorifica y se denosta a partes iguales la juventud, ella está en una edad excelente para seguir aspirando a lo máximo. Y ese tope no somos nosotros quienes debemos fijarlo, sino la nieta de La Faraona, que es quien está dentro de su piel y no nosotros los periodistas que sacamos en ocasiones conclusiones muy equivocadas.

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#LaCasaDePapel PART 3 is happening. Thank you so much. #chikipum #jarana

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Acaba de terminar ‘Vis a vis’ y pronto, espero, la veremos en la nueva temporada de ‘La casa de papel’. Por suerte para el público, los productores y directores están dando salida a su talento, como lo han hecho con otros miembros de su familia a los que les ha costado incluso más que a ella, como su tía Lolita Flores, gran actriz visceral y ahora dama del teatro entre las grandes, pero que tuvo que luchar durante años contra estereotipos y lugares comunes falaces.

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La vida no siempre es justa

Alba Flores es la clara demostración de que el talento tal vez se herede, pero que sin trabajo constante es posible que no se rentabilice. Como en la parábola de los talentos, si no se pelea las cosas no se suele triunfar. Aunque para todo hay excepciones. Conozco muchos vagos y mediocres que tienen un lugar que no les corresponde, pero quién ha dicho que la vida sea justa o proporcional. Seguramente, lo suyo es una combinación ‘win win’, pero tampoco se trata de discernir en estas líneas qué fue antes el huevo o la gallina sino de rendir pleitesía a una persona que la merece.

‘Sex Education’, la serie que te hubiera gustado ver en tu adolescencia

Actor Sex Education foto

Nadie nacemos aprendidos. El instinto es una guía muy pobre para poder desenvolverte en la vida. Como pájaros que se tiran del nido para aprender a volar, la adolescencia es ponerse al borde de un acantilado y atreverse a saltar. Eso es en líneas generales lo que nos cuenta ‘Sex Education’, un ‘must see’ de Netflix. Es también la serie que nos demuestra que Gilliam Anderson es mucho más que la agente Scully, una actriz superlativa de voz rasposa, mirada pegajosa y un glamour de andar por casa al que Hollywood podría haber sacado más partido.

Por suerte, la televisión se está convirtiendo en el refugio de los grandes, los desaprovechados, los que no quieren estar persiguiendo a súper-héroe o malgastar su talento en producciones pensadas para vender junto a las entradas palomitas y sodas a precio de champán francés. Y también la de los espectadores que nos las vemos y las deseamos en encontrar una película decente que nos haga dejar nuestro sofá para disfrutar de la gran pantalla.

Series de instituto

Anoche acabé el último de los 8 capítulos de esta historia ambientada en un instituto, como tantas otras ficciones de la misma plataforma, ‘Stranger Things’, ‘Por 13 razones’ o la española ‘Elite’. Lo que marca la diferencia es que en esta ocasión los personajes están vivos, no son estereotipos al servicio de un guionista que quiere construir una trama que enganche sin importarle la complejidad del ser humano ni los matices de los sentimientos.

‘Sex Eductation’ no es ni de lejos ‘You’, otro gran éxito en la misma plataforma y un entretenimiento sin pretensiones más adictivo que aquel eslogan que decía que ‘cuando haces pop ya no hay stop’, pero tan intrascendente como las novelas del oeste que hace décadas se podían alquilar en los kioscos donde se vendían revistas y chucherías. Y como la grandeza del mundo es su biodiversidad, no está reñido disfrutar de esa mierda sofisticada, tramposa y entretenidísima, con el cine de Alfonso Cuarón, Asghar Farhadi o Lars Von Trier.

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‘Sex Education’ me retrotrajo a mi propia adolescencia, cuando no tenía libro de instrucciones y no sabía muy bien cómo sobrevivir en un mundo concebido para ser heterosexual y en el que las manadas se organizaban para hacer la vida imposible a los diferentes. Los tiempos han cambiado, pero los problemas siguen siendo los mismos, por lo que si yo tuviera hijos les pondría esta serie como deberes, porque se abordan con naturalidad y de manera didáctica todas las preguntas que nos podemos hacer en esa etapa de nuestras vidas. Cuestiones que tal vez los hijos no se atreven a plantear y que en alguna de las tramas cruzadas de la serie quedan más que respondidas: el miedo a la primera vez, la aceptación de la propia sexualidad, las inseguridades, el miedo al rechazo, cómo hacer frente al bullyng.

El sentido del humor

En un mundo en el que la fealdad se retransmite por televisión como si fuera un espectáculo y en el que se están dando por buenos valores que pueden arruinar los cimientos de nuestra sociedad como carcoma, ‘Sex education’ es un ejemplo de cómo se puede hacer convivir en armonía diferentes maneras de pensar y de sentir. También de cómo el sentido del humor es redentor, de cómo el diálogo es una herramienta más poderosa que la imposición y de cómo los clichés y las imágenes impostadas que transmitimos a través de las redes sociales no necesariamente se corresponden con una vida feliz.

Un placer de Netflix

Al margen de estas cuestiones, ‘Sex Education’ es divertida, ágil y sencilla de seguir, algo de agradecer cuando lo que buscas es evasión y no devanarte los sesos intentando recordar si un personaje de la Edad Media pertenece a una rama de una familia o de otra. O intentar comprender qué es realidad y qué imaginado, si nos movemos en un plano físico o metafísico. Tiene la virtud de lo complejo revestido de sencillez, la profundidad en un marco de ligereza y la diversión envolviendo las grandes cuestiones que dan sentido a la humanidad y crean un tejido humano que nos sostiene frente a las agresiones de un entorno hostil. Toda una guía de supervivencia que no os podéis perder.

Gracias a Miguel Bernadeu estamos todos más tranquilos

Foto Miguel Bernardeu Elite

Amigas, hoy respiro más tranquilo. Que resulta que Aitana Ocaña y Miguel Bernardeu son novios. Lo ha dicho la madre del actor de la serie ‘Élite’, la mismísima Ana Duato, así que ya doy por muertos todos esos titulares de los supuestos encuentros secretos entre la intérprete de ‘Lo malo’ y Cepeda. Y la prima de Nacho Duato tiene pinta de ser una suegra encantadora, no como Jane Fonda que hacía la vida imposible a Jennifer Lopez en aquella comedia romántica que de vez en cuando repone Tele 5.

Y como nos gustan mucho las narrativas clásicas, pronto empezarán las preguntas de los planes de boda, los hijos, los bautizos, las comuniones y hasta qué estudiará su prole, si irá a la universidad o si seguirán sus pasos. Esa metáfora tan manida que siempre me trae a la mente un perrito detrás de su dueño, porque por instinto no sabe hacer otra cosa que acompañarle allá donde valla.

El poder de Instagram

Desde que existen las redes sociales y en especial Instagram podemos vivir la realidad al minuto, así que los famosos son los responsables de que ser paparazzi se haya convertido en una profesión tan en desuso como la de afilador de cuchillos (te sale más barato comprarte uno en Ikea). Ahora estás cenando con alguien y es como el eslogan de la CNN, “está pasando, lo estás viendo”. Es más, tenemos mucha más necesidad de dejar constancia ante los demás de lo que estamos haciendo que de disfrutar de las experiencias. Así nos va.

Instagram se ha convertido también en el mejor soporte publicitario (aunque ahora acaban de cambiar las normas y van a ser mucho más estrictos) y la propia Aitana Ocaña es ya una ‘influencer’ que muy pronto eclipsará a otras ya consagradas como Paula Echevarría, Sara Carbonero o Dulceida, porque otra de las características de este tipo de popularidad es que suele ser efímera, aunque en los casos mencionados llevan años viviendo muy bien de ello.

Ídolos juveniles

Celebro desde aquí el amor entre Aitana Ocaña y Miguel Bernardeu, dos referentes generacionales con miles de admiradores que podrán forrar las carpetas con imágenes suyas. Igual que en los 80 se llenaban con fotos recortadas de las revistas Súper Pop o Ragazza de Tom Cruise, Rob Lowe o Luis Miguel. Y para los compañeros de la prensa que siguen buscando titulares que retorcer, conspiraciones donde no las hay o traiciones de telefilme de Antena 3 lo único que me queda es darles ánimos. Si la realidad les estropea los clickbaits, que sigan intentándolo.

Y en la ficción, seguiremos pendientes de lo que le ocurre al personaje de Miguel Bernardeu en su serie de Netflix, el ‘Al salir de clase’ de al nuevo milenio, del que estoy estoy deseando que llegue la segunda temporada.